Friday, June 25, 2010

ANCORA IMPARO

Balleneros, Arponeros y Pamboleros

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

"Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo." Este es el, quizás sencillo, pero poderoso principio de la novela Moby Dick del autor estadounidense Herman Melville, y que da inicio a una saga de suspenso y aventura hacia los océanos profundos del corazón y mente humanos en busca de aquel monstruo fabuloso pero de erradicación imprescindible.

Este es el comportamiento de los Estado Unidos como nación para lograr la unión de toda la nación americana. La obsesión compulsiva, casi maníaca, del capitán Ahab de cazar y dar muerte a su enemigo, es el mismo instinto belicoso que giran en torno a las políticas nacionales e internacionales de nuestro vecino del norte. Hace cincuenta años era el nacional-socialismo, después la Unión Soviética, luego Vietnam, Iraq, Afganistán, nuevamente Iraq...

Mi punto es que siempre existe un blanco con el cual el gobierno federal de los Estados Unidos lanza el repudio general de su pueblo y logra unificarlos a casi todos en contra de “aquél monstruo enemigo de la nación”... Pocas veces me escucharán hablar bien de Estados Unidos, dado a que sus constantes gringaderas me sacan de quicio, sin embargo hay que reconocérselos: en momentos críticos, pocas naciones son capaces de lograr una unión tan definida y un rumbo tan marcado.

Esto, obviamente, me resulta amargo, ya que una nación como nuestro vecino del norte, en donde las estadísticas muestran que un veinte por ciento de sus habitantes no pueden siquiera ubicar a su país en un mapa, toma decisiones más responsables en cuanto al patriotismo nacional. Carlos Fuentes, dando réplica a un libro extremista del fallecido Samuel Huntington recalcó también este fenómeno: de cómo Estados Unidos recae casi en el fanatismo de siempre tener como prioridad el tener un enemigo a quien dirigir todas esas emociones negativas. Aquel monstruo que atenta contra los principios de libertad, de justicia y de nación que los hace ser seres humanos libres y grandes. Un fanatismo un tanto peligroso, ya que las consecuencias para el blanco de sus querellas no suelen ser alentadoras. Con esto espero que ahora se entienda el acrecentado temor que estamos teniendo algunos mexicanos con el incremento aberrante de la aceptación en los Estados Unidos de la ley SB 1070 de Arizona, ya que parte de una intolerancia y diferenciación racial, y les recuerdo que de este lado de la frontera vivimos otra raza que tarde o temprano cosechará los frutos de esa intolerancia, y lo haremos como nación, ya no sólo nuestros migrantes.

México no necesita un quinto partido, necesita una causa. ¿Cómo es posible que en mi país, dónde sensiblemente se debería de apreciar una raza mucho más culta e informada, cada vez se preste más al conformismo y la mediocridad? Somos pamboleros desde la cuna, idealizando a nuestros jugadores como héroes nacionales cada vez que ganan un partido, pero queremos expatriarlos cada vez que nos fallan en la cancha. Estadísticas demuestran que durante el mundial, la productividad mexicana baja aproximadamente un veinte por ciento, cosa que me parece aberrante, toda vez que las cosas no están como para descuidar las prioridades.

Me da mucho gusto el estandarte de unión que nos provee nuestra selección cada cuatro años, pero aún así, esa unión está dispersa, ambigua, incompleta. En México requerimos algo más que una breve e inconsistente unión cada cuatro años, requerimos de un rumbo, necesitamos una dirección compartida. Obviamente no quisiera caer en el fanatismo norteamericano de satanizar a sus enemigos y aterrar a toda la nación con cuentos chinos de que si no se ataca ese problema el país se acaba... Pero debemos reconocer que por no ponernos de acuerdo, por siempre hacer de un lado al prójimo, permitimos que el crimen organizado tomara nuestro país, y este problema, señoras y señores, sí puede acabar con nuestra nación. Probablemente no todos estemos de acuerdo con todas las decisiones de nuestros gobernantes; quizás no sean por quienes votamos; el hecho es que ellos están ahí porque así es como funciona una democracia. Una democracia no termina el día de la elección, se vive cada día al refrendar el ciudadano el apoyo a su gobierno (hayamos o no votado por la persona en turno, ya que la campaña terminó y el gobierno es de nosotros, trabajando por y para nosotros), o bien, por las vías necesarias y por consenso general, expresarle su desaprobación. Pero eso sí, recapacitemos y vayámonos poniendo todos de acuerdo y prestémonos de una buena vez a unirnos de manera inteligente y responsable, que por llamarle “pendejo” al Presidente, en lugar de apoyar con trabajo o propuestas, le hacemos a los problemas nacionales lo que el viento a Juárez...

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

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