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Tuesday, June 29, 2010

ANCORA IMPARO

México y su Tercera Insurrección

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

La tragedia no te hace a prueba de balas... pero sí las aguantas mejor que los demás... Esta es, quizás, una de las más importantes enseñanzas que la vida hasta el día de hoy me ha dejado. Sin embargo, cada golpe, por sutil o insignificante que pudiera parecer, tiene, tarde o temprano, una cierta manera artera de llegarnos a donde más nos duele. México ha sido ya, por muchos años, un país desorientado, irresponsablemente mal aconsejado y, peor aún, social y moralmente desahuciado.

Al enterarme del sensible fallecimiento de Rodolfo Torre Cantú, candidato a gobernador para el estado de Tamaulipas, sentí un grave y profundo malestar. Esa clase de molestia que impide que uno descanse por las noches, esa angustia inexplicable que nos arroja fuera de nosotros mismos y nos roba maliciosamente de una realidad coherente y explicable. Rodolfo fue mi amigo, y aunque lo conocí muy poco, no lo niego, tenía fe en su persona. No por su partido o propuestas de campaña, sino por su integridad como ser humano que, desde el momento de estrechar su mano, se apreciaba en ondas cálidas de autenticidad y franqueza. Mi más sentido pésame a su familia y amistades, muchos de ellos míos también, por esta irreparable pérdida.

Ahora bien, más allá de la trágica pérdida de este extraordinario ser humano, así como del candidato a presidente municipal por el municipio de Valle Hermoso, Tamaulipas, quien falleciera en similares circunstancias, debo asentar una reflexión: ¿qué más hemos perdido? Como nación, México está entrando a una delgada línea entre la sanidad y la locura, donde el arrebato de pasiones se desbordan en direcciones que no demuestran ser favorables para nadie. ¿Pero qué diablos le está ocurriendo a México? Ahora el crimen organizado ha enviado un mensaje claro y fuerte y que resonó tan duro y potente como metralla: la democracia en México también es asesinable. Más allá de la corrupción enmohecida dentro de nuestras instituciones, ahora cargamos con esta nueva amenaza que atenta en contra de todos los niveles de gobernabilidad y soberanía que antes creíamos ostentar como nación.

Se me viene a la mente aquel comercial de Iniciativa México y no puedo sacarme de la cabeza una cierta frase que detonó en mí la reflexión de un tema que ya venía yo acuñando desde hace meses, "cada cien años México se propone hacer algo grande". Lo cierto de esa frase es que cada cien años, desde la institución de este país como uno independiente y autónomo, México vive ciertamente algo grande. Una afronta bélicosa para garantizar nuestra continuidad como nación, y que se desata una vez por siglo. Primero por nuestra independencia. Después por nuestra democracia. Hoy, sin darnos cuenta, estamos ya todos involucrados en medio de una guerra que estalló hace algunos años y que invariablemente nos afecta a todos. México está viviendo ya su tercera insurrección y somos nosotros, sus ciudadanos, sus principales caudillos, ya que en nosotros está el poder de resistencia y fe que nuestra nación requiere para salir avante. Paciencia y fe...

Esta guerra que vivimos en contra del crimen organizado, cuyo propósito ha sido hasta ahora el de contaminar y corromper las fibras más hondas de nuestra integridad como país democrático e independiente, era algo que se veía venir, algo que quizás tarde o temprano tenía que pasar, y sin embargo creo que nadie dimensionábamos la magnitud del culatazo de nuestras propias armas, y más aún, que el enemigo estaba ya hábilmente consolidado entre nosotros. Paciencia y fe...

¿Y qué nos corresponde a nosotros como ciudadanos? Supongo que esperar, y aún así no sería suficiente. El día en que exista sinergía entre sus ciudadanos, México tendrá esa cohesión nacional que tanto necesita. El repudio a nuestras instituciones es comprensible, mas nunca productivo si no se acompaña de un auténtico deseo e intención de "sanitizarlas". ¿Reformas? ¿Marchas? ¿Protestas? ¿¿Funcionan?? El día en que nos interese lo que está sucediendo en nuestro país lo suficiente como participar en la medida en que nos sea posible, ese será el día en que la democracia en México recobre las fuerzas necesarias para dar réplica a esta ola de incertidumbre por la que estamos atravesando. ¿Quién se une? Paciencia y fe...

La pérdida de hombres como Rodolfo Torre Cantú a manos de esta guerra es algo inaudito, reprochable, abominable. Algo que no creíamos que fuera posible por que tal vez no habíamos dimensionado la gravedad de nuestra propia situación y del daño colateral que nosotros los mexicanos recibimos a causa de ella. Yo le tengo amor y fe a este país. En él nací y crecí, y será este suelo el que me verá morir, aunque desgraciadamente continúan sucitándose situaciones que me decepcionan de mi patria, y para rematarme, la fría estocada de la indiferencia de sus ciudadanos. Qué lástima, y yo que creí que México ya había superado aquella lamentable etapa de asesinar a sus candidatos...

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

Friday, June 25, 2010

ANCORA IMPARO

Balleneros, Arponeros y Pamboleros

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

"Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo." Este es el, quizás sencillo, pero poderoso principio de la novela Moby Dick del autor estadounidense Herman Melville, y que da inicio a una saga de suspenso y aventura hacia los océanos profundos del corazón y mente humanos en busca de aquel monstruo fabuloso pero de erradicación imprescindible.

Este es el comportamiento de los Estado Unidos como nación para lograr la unión de toda la nación americana. La obsesión compulsiva, casi maníaca, del capitán Ahab de cazar y dar muerte a su enemigo, es el mismo instinto belicoso que giran en torno a las políticas nacionales e internacionales de nuestro vecino del norte. Hace cincuenta años era el nacional-socialismo, después la Unión Soviética, luego Vietnam, Iraq, Afganistán, nuevamente Iraq...

Mi punto es que siempre existe un blanco con el cual el gobierno federal de los Estados Unidos lanza el repudio general de su pueblo y logra unificarlos a casi todos en contra de “aquél monstruo enemigo de la nación”... Pocas veces me escucharán hablar bien de Estados Unidos, dado a que sus constantes gringaderas me sacan de quicio, sin embargo hay que reconocérselos: en momentos críticos, pocas naciones son capaces de lograr una unión tan definida y un rumbo tan marcado.

Esto, obviamente, me resulta amargo, ya que una nación como nuestro vecino del norte, en donde las estadísticas muestran que un veinte por ciento de sus habitantes no pueden siquiera ubicar a su país en un mapa, toma decisiones más responsables en cuanto al patriotismo nacional. Carlos Fuentes, dando réplica a un libro extremista del fallecido Samuel Huntington recalcó también este fenómeno: de cómo Estados Unidos recae casi en el fanatismo de siempre tener como prioridad el tener un enemigo a quien dirigir todas esas emociones negativas. Aquel monstruo que atenta contra los principios de libertad, de justicia y de nación que los hace ser seres humanos libres y grandes. Un fanatismo un tanto peligroso, ya que las consecuencias para el blanco de sus querellas no suelen ser alentadoras. Con esto espero que ahora se entienda el acrecentado temor que estamos teniendo algunos mexicanos con el incremento aberrante de la aceptación en los Estados Unidos de la ley SB 1070 de Arizona, ya que parte de una intolerancia y diferenciación racial, y les recuerdo que de este lado de la frontera vivimos otra raza que tarde o temprano cosechará los frutos de esa intolerancia, y lo haremos como nación, ya no sólo nuestros migrantes.

México no necesita un quinto partido, necesita una causa. ¿Cómo es posible que en mi país, dónde sensiblemente se debería de apreciar una raza mucho más culta e informada, cada vez se preste más al conformismo y la mediocridad? Somos pamboleros desde la cuna, idealizando a nuestros jugadores como héroes nacionales cada vez que ganan un partido, pero queremos expatriarlos cada vez que nos fallan en la cancha. Estadísticas demuestran que durante el mundial, la productividad mexicana baja aproximadamente un veinte por ciento, cosa que me parece aberrante, toda vez que las cosas no están como para descuidar las prioridades.

Me da mucho gusto el estandarte de unión que nos provee nuestra selección cada cuatro años, pero aún así, esa unión está dispersa, ambigua, incompleta. En México requerimos algo más que una breve e inconsistente unión cada cuatro años, requerimos de un rumbo, necesitamos una dirección compartida. Obviamente no quisiera caer en el fanatismo norteamericano de satanizar a sus enemigos y aterrar a toda la nación con cuentos chinos de que si no se ataca ese problema el país se acaba... Pero debemos reconocer que por no ponernos de acuerdo, por siempre hacer de un lado al prójimo, permitimos que el crimen organizado tomara nuestro país, y este problema, señoras y señores, sí puede acabar con nuestra nación. Probablemente no todos estemos de acuerdo con todas las decisiones de nuestros gobernantes; quizás no sean por quienes votamos; el hecho es que ellos están ahí porque así es como funciona una democracia. Una democracia no termina el día de la elección, se vive cada día al refrendar el ciudadano el apoyo a su gobierno (hayamos o no votado por la persona en turno, ya que la campaña terminó y el gobierno es de nosotros, trabajando por y para nosotros), o bien, por las vías necesarias y por consenso general, expresarle su desaprobación. Pero eso sí, recapacitemos y vayámonos poniendo todos de acuerdo y prestémonos de una buena vez a unirnos de manera inteligente y responsable, que por llamarle “pendejo” al Presidente, en lugar de apoyar con trabajo o propuestas, le hacemos a los problemas nacionales lo que el viento a Juárez...

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

Friday, June 18, 2010

ANCORA IMPARO

Nefro-Necrosis Nacional

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

Los hemos abandonado. Nuestras fuerzas más básicas de defensa se han quedado solas, al margen del desprecio de todos nosotros. ¿Pero qué demonios les pasó a nuestras instituciones de seguridad pública? ¿En qué momento se convirtieron en algo que quisiéramos no tener? ¿Por qué es a ellos a quienes les tememos a veces? Esto me avergüenza, me da tristeza, me sofoca, pero aún más, y aunque para nosotros sea difícil reconocerlo, el hecho de que es nuestra culpa.

Y aquí empiezan las largas letanías. Los llantos y sollozos y maltrato vejatorio de esta Epifanía moral. Gritos de, “no sabemos cómo manejar esta situación”, y “no es culpa/responsabilidad nuestra, es del gobierno”. No podemos seguir cegándonos ante la cruda realidad de nuestra desidia al momento de encarar las responsabilidades que todos compartimos por el simple hecho de pisar el bendito suelo de este país.

La realidad es que los hemos ignorado por tanto tiempo que no les dejamos alternativa. El hecho que un policía encaje en un concepto que no diste mucho al de un criminal ordinario o, incluso peor, durante los últimos meses del de un criminal peligroso, es alarmante, pero más aún el hecho de que son así por causa nuestra. Si no me quieren creer, sigan leyendo.

A esta gente les prometemos algo y no lo cumplimos. Los ponemos en la primera línea de defensa, al borde del peligro. Les exigimos, a veces de manera condescendiente porque “es su trabajo”, que arriesguen sus vidas, su seguridad y la de sus familias por nosotros. Nosotros, a quienes no conocen, les exigimos que nos antepongan a sus familias. Ellos, quienes están a cargo de mantener el orden y balance de la armonía en nuestras ciudades son sólo reconocidos al momento del reclamo, jamás del mérito. “El mérito no se lo merecen”, decimos, “porque simplemente están cumpliendo con su trabajo”.

¡Pobres de ellos! Aquellos hombres y mujeres que se exponen cada día por nosotros. No reciben sueldos dignos, de lo contrario no había “mordidas”. No reciben prestaciones adecuadas (aquellos de ellos que las reciben, claro, porque esas cosas para ellos son ya hablar de privilegios), de lo contrario no habría ausentismo. No reciben seguridad para sus familias en el caso de que ellos les falten, de lo contrario no tendrían dudas al enfrentar su deber.

¿En qué momento pasamos por alto el cuidar nosotros también de ellos? ¡Y no, esto no sólo es responsabilidad del gobierno! Ni siquiera voy a empezar a abordar ese tema, porque una columna semanal no me alcanzaría, pero partamos de la premisa de que el gobierno somos nosotros. Nosotros pagamos los impuestos y de nosotros se debe de ocupar el erario. Votamos en cada elección por aquella persona que se supone va a actuar de acuerdo a lo que nosotros queremos ver que se haga. Pero ni eso hacemos, y así todavía esperamos milagros...

Ser un elemento de un cuerpo de seguridad pública en este país debería de ser un honor. Debería de ser un privilegio aspirado por muchos. Debería ser, incluso, un papel que con orgullo podamos ver desempeñado por uno de nuestros hijos. Porque eso son ellos, hijos de México. Hijos de México que México eligió ignorar.

A ellos no les guardo rencor, porque sería irresponsable de mi parte. Sería irresponsable esperar tanto de ellos si no me aseguro como mexicano el que estén previstos de la mejor capacitación física, mental y académica. Que estén previstos del mejor equipo, tecnología e inteligencia. Con disgusto comento que no a todos se les arma con una pistola, no por falta de confianza, pero por falta de “presupuesto”. Aquellos que portan arma, no siempre tienen cartuchos (balas). Y aún así los enviamos al frente de batalla, para pelear por nosotros, simplemente porque para nosotros es su obligación. Los sueldos mensuales de nuestros héroes deberían acercarse a las mega-multas que se imponen en algunas ciudades. ¿Cuál de ellos aceptaría quinientos pesos por hacerse de la vista gorda a una infracción de tránsito si recibiera un sueldo así? ¿Por qué no garantizamos el bienestar económico y patrimonial de sus familias? ¿Por qué no les damos un seguro de vida digno? ¿Por qué nosotros no nos hacemos responsables del sano y mejor desarrollo académico, social y emocional de sus hijos? Nuestros policías son hijos de México y nosotros, señoras y señores, somos México. ¡Dejemos de ignorar a nuestros hijos!

Así como el riñón tiene la función de filtrar impurezas y potenciales amenazas de nuestro organismo, así nuestras instituciones de seguridad pública tienen la labor de limpiar y filtrar este gran organismo que se llama sociedad. Estas instituciones, por nuestra desidia en atenderlas, están lentamente sucumbiendo ante la infección de inseguridad que nos acontece el día de hoy. Estamos, desgraciadamente por descuido propio, agonizando en una nefro-necrosis nacional.

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas