Thursday, June 10, 2010

ANCORA IMPARO

Ciudadano-País / Ciudadano-Mundo

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

Desde siempre, estudios antropológicos han demostrado que el ser humano es un ser gregario por naturaleza, esto quiere decir que instintivamente buscamos la compañía y asociación con más seres como nosotros; entiéndase más seres humanos. Al principio comenzó con la familia, núcleo de toda sociedad, y el pilar base sobre el cual las primeras civilizaciones fueron tomando forma, ya que fueron grupos pequeños de familias que decidieron establecerse en un mismo sitio (o de manera conjunta cuando la vida sedentaria aún no existía), las que dieron pie a las primeras sociedades. Éstas, a su vez, formaron clanes, luego tribus, y posteriormente una población formal.

Hoy, la palabra ciudadano se deriva directamente de la ciudad de procedencia de una persona, sin embargo esta definición, per se, es incompleta. El orgullo y el tan enraizado sentimiento de pertenencia a un lugar o pueblo es el que preponderantemente ha ocasionado siempre un arraigo emocional en el ser humano. Fue así como nacieron las primeras distinciones entre regiones: no por territorio, sino por procedencia/pertenencia a un grupo social en particular que habitaba dicho territorio.

De ahí deriva el sentimiento y el principio de la ciudadanía como tal. El pertenecer a un lugar por lo que representa y por lo que nosotros, como miembros de esa comunidad, representamos ante el mundo. Hoy, cada comunidad (o estado, o ciudad, o país, o como se le quiera llamar) ostenta esa pertenencia que se dice única por generar un grupo de personas con valores y objetivos similares o comunes y que diariamente empujan, en equipo, a toda esa comunidad de alguna forma u otra. Ese es el verdadero concepto de ciudadanía. Mexicanos, en México, canadienses, en Canadá, portugueses, en Portugal, y así las ciudadanías continúan según los cánones establecidos en el mundo actual.

Ahora bien, el mundo actual difiere drásticamente al de hace tan sólo unos cuantos años. Cada vez la comunicación entre cada comunidad, algo que en vez otrora pareciera imposible, improbable, o bien, extremadamente remoto, es ahora un hecho cotidiano, en donde amigos de todas partes del planeta y de culturas (ciudadanías) totalmente distintas conviven a través de los medios informáticos cada día. Y aquí no hablamos necesariamente de familiares que hayan emigrado el extranjero, sino de extranjeros "de hueso colorado", totalmente distintos a nosotros, que de pronto están a nuestro alcance. Así hacemos, en México, amistad con alemanes, rusos, suecos, italianos e incluso japoneses. Es aquí donde empieza el fenómeno de "la mezcla".

La mezcla es también definible como "incorporación", y se da cuando un grupo social, ya sea por asimilación o por conveniencia para su comodidad o supervivencia, adopta costumbres o modos de otro grupo social. Paul Harrison, en su artículo "The Westernization of the World" ("La Occidentización del Mundo") habla sobre cómo más a menudo se percibe cómo otras culturas van, de manera cada vez más acelerada, adoptando modos y tradiciones de las culturas de occidente (Europa y Norteamérica, principalmente). Asimismo, Thomas L. Friedman, en su libro The World is Flat (El Mundo es Plano) comenta sobre cómo la revolución informática en el mundo a dado pie a la homologación de costumbres y servicios a través del orbe, tanto así que una llamada hecha en los Estados Unidos, puede ser contestada en la India, para resolver a su vez, un problema en China.

Ser ciudadanos del mundo implica reconocer que, a pesar de nuestra evidentes diferencia culturales, físicas y morales, existen precedentes claros de que podemos coexistir. Más aún, existen pruebas irrefutables que la homologación de costumbres y el nuevo mundo que ahora se nos presenta tanto a nuestro alcance, nos hace partícipes de él de una manera nunca antes vista, puesto que podemos opinar, formar parte y enterarnos de prácticamente cualquier cosa por cerca o lejos que esté. Replanteemos ahora el sentimiento de pertenencia a un lugar o pueblo que preponderantemente ocasiona un arraigo emocional en el ser humano que describimos al principio, y transmitámoslo hacia este planeta en su totalidad: es la tierra que nos vio nacer y que, a pesar de haber crecido en un pequeña parte de ella, sigue siendo un ente más grande que esa región en específico; tenemos costumbres de todas partes de ella y que nacieron en lugares que quizá aún no nos enteramos que existen; sabemos qué acontece en ella; formamos amistad con gente al otro extremo de ella; y además, SEGUIMOS VIVIENDO EN ELLA. Esa es una ciudadanía global/universal.

Me pregunto: ¿seremos capaces algún día de verdaderamente practicar este concepto?

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

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