Por Omar del Valle Colosio.
“And so this is Christmas, and what have you done?”
John Lennon
En el mundo.
Oscura, fría, insolente, llena de dolor y temor, completa de incertidumbre e impotencia; desesperada y confundida. Así se refleja la cara del mundo que a fin de este año se muestra descontenta por la ausencia de políticas globales relevantes y coherentes con los retos que la humanidad enfrenta. El comportamiento humano es complejo, de eso no hay duda y no importa si se analiza la región del sudeste asiático o del medio oriente, si se analiza el desarrollo de África o la izquierda en Latinoamérica, siempre habrá un sinnúmero de posiciones políticas y acciones con respecto a las soluciones que se requieren. Sin embargo, con respecto a temas como la guerra, todo se reduce a dos caminos de opinión: a favor o en contra.
Según lo que resulte y sin alterar los ánimos, el futuro de Iraq depende de su gente, que con la colaboración adecuada de la comunidad internacional, podrán sentar las bases para un sistema político que mejor responda a las necesidades sociales, económicas y políticas de ese país. Mientras tanto, el resto, que somos todos, no debemos olvidar los costos humanitarios que esta transición impone en nuestra historia contemporánea. En este fin de año, reflexiono junto con los pacifistas e invoco: ¡No a la guerra y no a la inmunidad!
Por lo pronto y para récord, Bush recién declaró estimar que alrededor de 30,000 iraquíes han muerto desde la intervención de Estados Unidos en la región. Por otro lado, más de 2,000 soldados norteamericanos han caído, y lo que falta. Desafortunadamente, la falta de poder político de la comunidad internacional es insuficiente para moderar el proceso. Es claro que nuestros vecinos no se retirarán de Iraq y quizá es lo mejor, por ahora, pero la transición a un nuevo sistema político puede resultar en fracaso si no toma en cuenta las historia de la región y sus características propias. En este mes, los iraquíes eligieron, de suficientes partidos políticos, a quienes guiarán el nuevo Parlamento, ojalá sea el comienzo de un Iraq menos violento y que resulte en menores pérdidas humanas.
América Latina.
Así, en los vericuetos de cambios gubernamentales, desde el presente mes y durante todo el próximo año, la región Latinoamericana ofrecerá a la comunidad internacional una prueba de fuego para la izquierda. Comenzamos en Chile con la segunda ronda electoral entre Michelle Bachelet, representante de la centro-izquierda, y Sebastián Piñera, conservador moderado. El escenario es impreciso por la cercanía en las preferencias electorales; sin embargo, la aceptación del actual presidente Lagos quizá influya en la elección final de Bachelet quien fungió como Ministra de Salud y después de Defensa Nacional -la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de Chile y de América Latina.
El próximo año, veremos elecciones en Brasil, donde los escándalos de corrupción han desacreditado al Partido del Trabajo y al gobierno del presidente Lula. Existen quienes visionan la reelección de Lula, sin embargo, todo depende del desenvolvimiento de los casos de corrupción que podrían, según analistas políticos, llevar a la destitución del actual presidente. No obstante, parece ser que la política en Brasil se muestra moderada en este sentido y ha preferido en todo caso y quizá, en forma de acuerdo, mantener a Lula en el poder y esperar hasta la elección del 2006 donde la oposición pueda organizarse y entonces ganar la contienda, una oposición que encabeza José Serra y quién podría representar al Partido del Movimiento Democrático Brasileño y al Partido Social Demócrata Brasileño.
En Venezuela, las preferencias del Presidente Hugo Chávez están polarizadas. No obstante, el camino para la reelección de Chávez está cada vez más tranquilo en cuanto la oposición no se organiza e integra para presentar un candidato de unidad que pudiera contrarrestar el apoyo del actual mandatario. En los primeros meses del próximo año, los venezolanos en la oposición tienen la tarea más difícil, unirse y organizar una plataforma política e ideológica que también cobije a los votantes “huérfanos” de partidos y con ello pueda presentar una alternativa con forma para sobreponerse al gobierno de Chávez. Sin embargo, este escenario parece estar muy lejos de cumplirse.
Por su parte, en Bolivia, Evo Morales, presidente de la federación de los productores de la hoja de coca, es símbolo de lucha en contra del neoliberalismo en Bolivia y ha logrado dirigir un movimiento alternativo hacia el parlamento Boliviano. Durante este año, como dirigente del Movimiento Al Socialismo, encabezó las encuestas para las elecciones de este diciembre 2006, por arriba del centroderechista Jorge Quiroga. Como virtual vencedor, según los resultados del pasado domingo 18, sus planes se centran en la legalización de la planta de coca y en la revisión de los precios de exportación de gas a Argentina y Brasil. Veamos entonces cómo resulta el futuro en el corto plazo para Bolivia.
Y en México…
Izquierdas, derechas y democracia. Para Norberto Bobbio, filósofo y politólogo italiano, los extremos carecen de los fundamentos necesarios para establecer un sistema político democrático basado en las libertades y garantías individuales, sino por el contrario, las estrategias de las extremas atentan contra dichos fundamentos, poniendo en duda, su capacidad para construir un régimen político incluyente y justo.
Para nuestro caso, en México, las izquierdas y derechas se toman de la mano, comen juntas, más tarde se insultan y después se mandan un telégrafo de disculpa. Por ello, no es difícil hablar de y distinguir entre una izquierda y una derecha.
Actualmente en México las cartas electorales están en la mesa y boca abajo; si al mismo tiempo se distinguen por características propias de color e historia, las tres más relevantes se muestran borrosas con respecto al valor agregado que ofrecen para ganar el juego electoral.
Al fin de este año, nos molesta a los mexicanos que la construcción de un sistema “democrático” nos esté costando más que lo que puede ofrecer, y hasta cierto punto, se entiende pues es el resultado de años de liberalización política y competencia electoral, es el producto del estilo político y las instituciones que lo “regulan”, y sobre todo, es nuestro paso hacia un sistema político que mejor se adecue a nuestras necesidades sociales y económicas.
Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre qué es lo que no hemos hecho en México. Tomaría más que una editorial describir en detalle la respuesta a tal pregunta; no obstante, pareciera que el siglo de caudillos que analiza Enrique Krauze en su trilogía del poder político, se expande por más de cien años y muestra cómo en México predomina la actitud de depender de una persona para cambiar el país. Deberíamos recordar a Octavio Paz quien claramente señaló que transformar al país no es tarea de un solo hombre o grupo, sino de una generación.
Aún quedan reformas y procesos de descentralización de políticas que brindarían al país una mejor dinámica para su crecimiento y desarrollo regional. Construir un federalismo eficiente no es sencillo y bien lo saben las instituciones, la ciudadanía y los partidos políticos, pero la falta de un contrato social ha sido causa de múltiples obstáculos y politización de las necesidades sociales y económicas. En México, la teoría del contrato social de Rousseau está limitada. Uno de los problemas del contrato social no es que el hombre racional haya cedido sus poderes al Estado para que este genere la voluntad general, sino es precisamente la voluntad general la que no se ha consolidado, y el hombre social en México sigue siendo súbdito y no ciudadano.
El contrato social no debe implicar la renuncia a la libertad política, sino todo lo contrario. La calidad ciudadana, los deberes y derechos del hombre son sujetos propios de la libertad. Por esta razón, en México aún los procesos de democracia están fraguándose para construir un sistema político social demócrata independiente y complementario a nuestra propia evolución.
Nuestra calidad de ciudadanos y no súbditos, no debe privarse o no debe ser privada de sus fuerzas innatas; nuestro activismo socio político genera las condiciones para cumplir la voluntad general (o que la mayoría desee). Por ello, encarnar una alternativa revolucionaria para someter al Estado a un esquema de leyes e instituciones, debe ser en parte, el activismo de la dialéctica ciudadano-Estado. Por lo tanto, transformar hoy la relaciones Estado-Sociedad depende también de nuestra cultura e historia, es decir, queremos acelerar el proceso democrático, queremos mejores respuestas, pero entendamos que el ciudadano es parte fundamental de este proceso y sin su activismo, las relaciones explicadas anteriormente distan de transformarse. Por eso no debemos depender de un solo personaje, esto no cambiará al país. Dependemos por tanto, de un cambio cultural en México. Está aquí, se desenreda lentamente, pero está presente.
A todo esto, yo le llamaría, el cambio o revolución cultural que México necesita. Nuestro país tiene una nueva generación que no está representada por ninguna de las tres principales cartas electorales, y la ineficiencia institucional, no da lugar a que nuevas cartas se presenten. Por eso, el cambio cultural es necesario para vencer la demagogia de quienes desean representarnos políticamente; debemos sobreponernos a los halagos y falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir para que las nuevas relaciones Estado-Sociedad no sean para convertir al ciudadano en instrumento de la propia ambición política, sino sean el núcleo del diseño institucional y político que México exige.
Estamos por lo tanto luchando por un sistema político que sea adecuado a nuestras necesidades y circunstancias. Alexis de Tocqueville concebía a la democracia como un sistema de gobierno en el cual los ciudadanos participan de manera voluntaria y autónoma en los asuntos de la comunidad. El proceso democrático que vive México ha abierto espacios para que nuevos agentes sociales presenten alternativas, las debatan y en mayoría (y probablemente con un contrato social), se obtengan mejores resultados y, al mismo tiempo, se minimicen los costos sociales de quienes no obtuvieron la mayoría. Sin embargo, al no tener los mecanismos necesarios, los procesos de respuesta se atrasan y quienes están ahora incluidos en el sistema se muestran descontentos y se rehúsan a seguir participando.
El proceso nos está costando y seguirá imponiendo costos. La historia de México nos impone responsabilidades. Sabemos dónde hemos fallado y estamos conscientes de lo que no queremos tener. México sí tiene un sistema más plural y abierto, nuestro país tiene una nueva generación que se entrega y muestra su profundo amor a la patria. Vemos que México y su gente lo pueden lograr. Al menos, ésta es mi percepción, que durante el 2005, se ha dotado de opiniones populares, de académicos y profesionistas, de amas de casa, de estudiantes y de un sinnúmero de jóvenes que día con día muestran su optimismo en que México enfrentará su propio destino donde todos somos responsables.
Las próximas elecciones nos ofrecen un nuevo reto. Preparémonos para enfrentarlo y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
¡Feliz Navidad!
“And so this is Christmas, and what have you done?”
John Lennon
En el mundo.
Oscura, fría, insolente, llena de dolor y temor, completa de incertidumbre e impotencia; desesperada y confundida. Así se refleja la cara del mundo que a fin de este año se muestra descontenta por la ausencia de políticas globales relevantes y coherentes con los retos que la humanidad enfrenta. El comportamiento humano es complejo, de eso no hay duda y no importa si se analiza la región del sudeste asiático o del medio oriente, si se analiza el desarrollo de África o la izquierda en Latinoamérica, siempre habrá un sinnúmero de posiciones políticas y acciones con respecto a las soluciones que se requieren. Sin embargo, con respecto a temas como la guerra, todo se reduce a dos caminos de opinión: a favor o en contra.
Según lo que resulte y sin alterar los ánimos, el futuro de Iraq depende de su gente, que con la colaboración adecuada de la comunidad internacional, podrán sentar las bases para un sistema político que mejor responda a las necesidades sociales, económicas y políticas de ese país. Mientras tanto, el resto, que somos todos, no debemos olvidar los costos humanitarios que esta transición impone en nuestra historia contemporánea. En este fin de año, reflexiono junto con los pacifistas e invoco: ¡No a la guerra y no a la inmunidad!
Por lo pronto y para récord, Bush recién declaró estimar que alrededor de 30,000 iraquíes han muerto desde la intervención de Estados Unidos en la región. Por otro lado, más de 2,000 soldados norteamericanos han caído, y lo que falta. Desafortunadamente, la falta de poder político de la comunidad internacional es insuficiente para moderar el proceso. Es claro que nuestros vecinos no se retirarán de Iraq y quizá es lo mejor, por ahora, pero la transición a un nuevo sistema político puede resultar en fracaso si no toma en cuenta las historia de la región y sus características propias. En este mes, los iraquíes eligieron, de suficientes partidos políticos, a quienes guiarán el nuevo Parlamento, ojalá sea el comienzo de un Iraq menos violento y que resulte en menores pérdidas humanas.
América Latina.
Así, en los vericuetos de cambios gubernamentales, desde el presente mes y durante todo el próximo año, la región Latinoamericana ofrecerá a la comunidad internacional una prueba de fuego para la izquierda. Comenzamos en Chile con la segunda ronda electoral entre Michelle Bachelet, representante de la centro-izquierda, y Sebastián Piñera, conservador moderado. El escenario es impreciso por la cercanía en las preferencias electorales; sin embargo, la aceptación del actual presidente Lagos quizá influya en la elección final de Bachelet quien fungió como Ministra de Salud y después de Defensa Nacional -la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia de Chile y de América Latina.
El próximo año, veremos elecciones en Brasil, donde los escándalos de corrupción han desacreditado al Partido del Trabajo y al gobierno del presidente Lula. Existen quienes visionan la reelección de Lula, sin embargo, todo depende del desenvolvimiento de los casos de corrupción que podrían, según analistas políticos, llevar a la destitución del actual presidente. No obstante, parece ser que la política en Brasil se muestra moderada en este sentido y ha preferido en todo caso y quizá, en forma de acuerdo, mantener a Lula en el poder y esperar hasta la elección del 2006 donde la oposición pueda organizarse y entonces ganar la contienda, una oposición que encabeza José Serra y quién podría representar al Partido del Movimiento Democrático Brasileño y al Partido Social Demócrata Brasileño.
En Venezuela, las preferencias del Presidente Hugo Chávez están polarizadas. No obstante, el camino para la reelección de Chávez está cada vez más tranquilo en cuanto la oposición no se organiza e integra para presentar un candidato de unidad que pudiera contrarrestar el apoyo del actual mandatario. En los primeros meses del próximo año, los venezolanos en la oposición tienen la tarea más difícil, unirse y organizar una plataforma política e ideológica que también cobije a los votantes “huérfanos” de partidos y con ello pueda presentar una alternativa con forma para sobreponerse al gobierno de Chávez. Sin embargo, este escenario parece estar muy lejos de cumplirse.
Por su parte, en Bolivia, Evo Morales, presidente de la federación de los productores de la hoja de coca, es símbolo de lucha en contra del neoliberalismo en Bolivia y ha logrado dirigir un movimiento alternativo hacia el parlamento Boliviano. Durante este año, como dirigente del Movimiento Al Socialismo, encabezó las encuestas para las elecciones de este diciembre 2006, por arriba del centroderechista Jorge Quiroga. Como virtual vencedor, según los resultados del pasado domingo 18, sus planes se centran en la legalización de la planta de coca y en la revisión de los precios de exportación de gas a Argentina y Brasil. Veamos entonces cómo resulta el futuro en el corto plazo para Bolivia.
Y en México…
Izquierdas, derechas y democracia. Para Norberto Bobbio, filósofo y politólogo italiano, los extremos carecen de los fundamentos necesarios para establecer un sistema político democrático basado en las libertades y garantías individuales, sino por el contrario, las estrategias de las extremas atentan contra dichos fundamentos, poniendo en duda, su capacidad para construir un régimen político incluyente y justo.
Para nuestro caso, en México, las izquierdas y derechas se toman de la mano, comen juntas, más tarde se insultan y después se mandan un telégrafo de disculpa. Por ello, no es difícil hablar de y distinguir entre una izquierda y una derecha.
Actualmente en México las cartas electorales están en la mesa y boca abajo; si al mismo tiempo se distinguen por características propias de color e historia, las tres más relevantes se muestran borrosas con respecto al valor agregado que ofrecen para ganar el juego electoral.
Al fin de este año, nos molesta a los mexicanos que la construcción de un sistema “democrático” nos esté costando más que lo que puede ofrecer, y hasta cierto punto, se entiende pues es el resultado de años de liberalización política y competencia electoral, es el producto del estilo político y las instituciones que lo “regulan”, y sobre todo, es nuestro paso hacia un sistema político que mejor se adecue a nuestras necesidades sociales y económicas.
Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre qué es lo que no hemos hecho en México. Tomaría más que una editorial describir en detalle la respuesta a tal pregunta; no obstante, pareciera que el siglo de caudillos que analiza Enrique Krauze en su trilogía del poder político, se expande por más de cien años y muestra cómo en México predomina la actitud de depender de una persona para cambiar el país. Deberíamos recordar a Octavio Paz quien claramente señaló que transformar al país no es tarea de un solo hombre o grupo, sino de una generación.
Aún quedan reformas y procesos de descentralización de políticas que brindarían al país una mejor dinámica para su crecimiento y desarrollo regional. Construir un federalismo eficiente no es sencillo y bien lo saben las instituciones, la ciudadanía y los partidos políticos, pero la falta de un contrato social ha sido causa de múltiples obstáculos y politización de las necesidades sociales y económicas. En México, la teoría del contrato social de Rousseau está limitada. Uno de los problemas del contrato social no es que el hombre racional haya cedido sus poderes al Estado para que este genere la voluntad general, sino es precisamente la voluntad general la que no se ha consolidado, y el hombre social en México sigue siendo súbdito y no ciudadano.
El contrato social no debe implicar la renuncia a la libertad política, sino todo lo contrario. La calidad ciudadana, los deberes y derechos del hombre son sujetos propios de la libertad. Por esta razón, en México aún los procesos de democracia están fraguándose para construir un sistema político social demócrata independiente y complementario a nuestra propia evolución.
Nuestra calidad de ciudadanos y no súbditos, no debe privarse o no debe ser privada de sus fuerzas innatas; nuestro activismo socio político genera las condiciones para cumplir la voluntad general (o que la mayoría desee). Por ello, encarnar una alternativa revolucionaria para someter al Estado a un esquema de leyes e instituciones, debe ser en parte, el activismo de la dialéctica ciudadano-Estado. Por lo tanto, transformar hoy la relaciones Estado-Sociedad depende también de nuestra cultura e historia, es decir, queremos acelerar el proceso democrático, queremos mejores respuestas, pero entendamos que el ciudadano es parte fundamental de este proceso y sin su activismo, las relaciones explicadas anteriormente distan de transformarse. Por eso no debemos depender de un solo personaje, esto no cambiará al país. Dependemos por tanto, de un cambio cultural en México. Está aquí, se desenreda lentamente, pero está presente.
A todo esto, yo le llamaría, el cambio o revolución cultural que México necesita. Nuestro país tiene una nueva generación que no está representada por ninguna de las tres principales cartas electorales, y la ineficiencia institucional, no da lugar a que nuevas cartas se presenten. Por eso, el cambio cultural es necesario para vencer la demagogia de quienes desean representarnos políticamente; debemos sobreponernos a los halagos y falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir para que las nuevas relaciones Estado-Sociedad no sean para convertir al ciudadano en instrumento de la propia ambición política, sino sean el núcleo del diseño institucional y político que México exige.
Estamos por lo tanto luchando por un sistema político que sea adecuado a nuestras necesidades y circunstancias. Alexis de Tocqueville concebía a la democracia como un sistema de gobierno en el cual los ciudadanos participan de manera voluntaria y autónoma en los asuntos de la comunidad. El proceso democrático que vive México ha abierto espacios para que nuevos agentes sociales presenten alternativas, las debatan y en mayoría (y probablemente con un contrato social), se obtengan mejores resultados y, al mismo tiempo, se minimicen los costos sociales de quienes no obtuvieron la mayoría. Sin embargo, al no tener los mecanismos necesarios, los procesos de respuesta se atrasan y quienes están ahora incluidos en el sistema se muestran descontentos y se rehúsan a seguir participando.
El proceso nos está costando y seguirá imponiendo costos. La historia de México nos impone responsabilidades. Sabemos dónde hemos fallado y estamos conscientes de lo que no queremos tener. México sí tiene un sistema más plural y abierto, nuestro país tiene una nueva generación que se entrega y muestra su profundo amor a la patria. Vemos que México y su gente lo pueden lograr. Al menos, ésta es mi percepción, que durante el 2005, se ha dotado de opiniones populares, de académicos y profesionistas, de amas de casa, de estudiantes y de un sinnúmero de jóvenes que día con día muestran su optimismo en que México enfrentará su propio destino donde todos somos responsables.
Las próximas elecciones nos ofrecen un nuevo reto. Preparémonos para enfrentarlo y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
¡Feliz Navidad!
El autor es Presidente y Fundador de Esfuerzo Social Cotidiano de México, AC. Actualmente es candidato a Maestro en Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown. Comentarios: ofd@georgetown.edu