Wednesday, December 01, 2004

Cambio Mexicano II

Por Omar Del Valle.

Liberalización Política

Hoy me levanté de buen humor, pensé en México. Durante la mañana recordé lo que ocurre en nuestro país y de las acciones tan discutidas dentro del “Honorable” Congreso de la Unión, en lo profundo las frases célebres de nuestros queridos y respetados líderes, y en lo otro tanto sobre la sucesión presidencial. “¡Ay Diosito Santo!” dije en voz baja y continué la jornada.

Más tarde leí que Brasil y Argentina tratan con China para aumentar sus relaciones bilaterales y recordé que México cobra 500% de impuestos por la importación de un sencillo suéter fabricado en aquél país de oriente (repito, UNO), ya sólo sonreí. Ya como a media tarde me dije: a ver, por dónde se podría comenzar a enmendar (hipotéticamente) tal circo. No quería perder mi buen humor.

La lucha presidencial del 2006, para el país no es de vital importancia, es de importancia absoluta, por eso todo funciona en torno a ella. Mientras tanto, la política económica y social, las estrategias de inversión y protección al medio ambiente, la promoción cultural, la educación y salud pública, la vivienda, regulaciones y los mercados financieros accesibles, entre otros temas, fulguran por su ausencia en la legislación.

Según las cifras de la CEPAL 2000, el 40% de los más pobres en México tienen solo el 15.7% del ingreso nacional, mientras que el 10% más rico tiene más del 30% del ingreso; según esta dinámica el problema no es la generación de riqueza sino su distribución. ¿Qué hacemos? No mucho. Ahora revelo por qué.

Primero, con el actual escenario, dudo se conciban mecanismos que mejoren el entorno económico y político, al menos en el corto plazo. El discurso del gobierno del “Cambio”, en vez de ser dinámico y de acuerdos, se caracteriza por ser excluyente e imperioso: “En nuestro gobierno, comparado con los anteriores…” no salta de ahí.

Segundo, apoyándome en las teorías de la liberalización política de Adam Przeworski, concluyo que este gobierno no se puede comparar con los anteriores, es pan con lo mismo. ¿Cómo es esto? En México, la liberalización democrática no culminó con la “extirpación” del antiguo régimen autoritario y su reemplazo por nuevos dirigentes y por un nuevo orden democrático (Mayer-Serra y Nacif Hernández, 2002). El actual gobierno tuvo la oportunidad, la desperdició, ahora viene el añejo régimen “reloaded” y lo está acabando (¿acaso se repite la historia de Madero?). La “extirpación” para Przeworski, es el proceso mediante el cual los dirigentes del régimen autoritario entregan el poder antes de iniciar la constitución de un nuevo orden democrático, y éste último, si es que existe, no encuentra su lugar; por esto, el resultado es: “Ni un peso atrás”. Ya ni llorar es bueno.

Finalmente, George H. Sabine describe que el liberalismo en la teoría política moderna tiene dos sentidos: uno más restringido y el otro más general. El primero, significa una posición política intermedia entre el conservatismo y el socialismo, favorable a la reforma pero opuesta al radicalismo (puede ser Brasil y en general la neo-izquierda); el segundo, por ser más amplio, conserva las instituciones populares de gobierno en una idea de democracia inclusiva. Para México en los noventas, la liberalización democrática comenzó en un sentido intermedio, preservando las organizaciones populares y aceptando nuevas corrientes sociales y promoviendo reformas; ahora, está a poco de disiparse. Se sacuden las instituciones de antaño y las nuevas colocan ladrillos sin cimientos. Conjuntamente, no hay reformas. Se me acabó el buen humor.

Al anochecer leí a Hobbes, para quién lo que controla la vida humana no es un fin, sino una causa, el mecanismo psicológico del animal humano. México, rebeldes sin causa, ¡qué buen circo!. Bajé los ojos a media asta y me agarré la cabeza, porque es muy duro pasar, el Niagara en bicicleta.

El autor es Licenciado en Economía por el Tec de Monterrey y cursa la Maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Georgetown. Comentarios: ofd@georgetown.edu

Nuestros Tiempos

Por Ernesto Castañeda.

Viviendo al Día

Nueva York es una ciudad que ha recibido inmigrantes a través de su historia, los mexicanos no son excepción. Los mexicanos que vienen a Nueva York llegan y por medio de conocidos, primos o gente de la misma región de origen, consiguen trabajo rápidamente; sin embargo, en general la paga está por debajo del salario mínimo. La jornada que trabajan es mayor a las ocho horas diarias reglamentadas por ley. Y lo que es peor, el salario apenas alcanza para sobrevivir en la gran urbe de hierro y para mandar dinero para que la familia pueda pagar los gastos en México.

Como parte de un proyecto con el Profesor Robert Smith y estudiantes de la Universidad de Columbia, llevó año y medio estudiando la economía doméstica de los hogares transnacionales. Como parte de éste estudio realizamos cien entrevistas con familias que tienen algunos de sus miembros en Estados Unidos y otros en México.
Preguntamos anónimamente a personas de Huamuxtitlan Guerrero y poblaciones aledañas que tenían familiares en Nueva York: cuánto ganaban, cuánto gastaban y qué tanto dependían de las remesas de EU. También entrevístanos gente en Nueva York y les preguntamos en qué trabajaban, cuánto ganaban, cuánto costaba vivir en la ciudad y cuánto dinero mandaban a casa entre otras muchas cosas.

Los resultados entre este grupo de relativamente recién llegados a NY fue que la mayoría manda alrededor de 300 dólares al mes para mantener a su familia en México, la cuál gasta alrededor de un 80% en alimentos, gastos domésticos y consumo básico. Cierta parte se utiliza para pagar los gastos del material escolar y para construir casas, sin embargo poco dinero queda para ahorrar o para invertir en negocios propios que le permitan al trabajador en Estados Unidos regresar pronto a su región de origen.

La mayoría de los entrevistados en Nueva York quisieran regresar a México y la mayoría de sus familiares en México preferirían que sus padres, madres y cónyuges o hijos vivieran con ellos. Sin embargo la carencia de empleos, y sobre todo de empleos bien remunerados, hacen que muchos decidan ir al norte para ganar unos centavitos de más aunque las estancias acaban extendiéndose porque los ingresos son mayores pero también los gastos. Además de que las condiciones de trabajo distan mucho de ser optimas.

México recibió más de 13 billones de dólares en el 2003 en remesas lo cuál es una entrada de dólares cuyo monto total solo es superado por las exportaciones de petróleo. No obstante, este dinero dista de ser la solución a todos los problemas de México ya que representa el ingreso ganado con el sudor de los jefes de hogares y que es enviado a México para que sus familias puedan tener una vida digna, cubrir sus necesidades básicas y uno que otro lujito. Sin embargo, el costo social es altísimo ya que las familias tienen que separarse y los trabajadores transnacionales tienen que enfrentarse a una cultura ajena, a largas horas de trabajo y pocas horas de diversión y pocas oportunidades de superación profesional.

Cómo tanto mexicano en México, estos compatriotas trabajan todo el día, hasta seis días a la semana tan sólo para vivir al día aquí y para que sus familias paguen los gastos mensuales allá. Esto no es desarrollo, sino dependencia y explotación. Esperemos que los salarios mínimos aumenten en Nueva York como prometía el candidato presidencial demócrata y que los créditos, y las condiciones de trabajo y de cruce de la frontera mejoren porque los paisanos sólo quieren trabajar para comer y darle de comer a sus familias.

El autor es estudiante del Doctorado en Sociología en la Universidad de Columbia.
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