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Wednesday, June 01, 2005

La violencia factor de desestabilización, ayer 1994, ¿2006 de nuevo?

Por Luis Armando Colosio.

El tema de la violencia sigue estando presente como una prioridad para la ciudadanía. La criminalidad se ha incrementado notablemente en los últimos años y diversos sectores de la población han expresado su frustración por el clima de violencia generalizada que se vive actualmente y la inoperante acción de las fuerzas de seguridad. La fuga de reos de alta peligrosidad es la parte culminante de la problemática persistente del sistema penitenciario que mina por completo la credibilidad de las autoridades responsables. A esto hay que agregar los constantes asesinatos a lo largo de la geografía nacional, fenómeno que ya se presenta como un hecho recurrente sin control por parte de quienes muestran una incapacidad insultante en todos los órdenes de gobierno.

Para entender este fenómeno, es necesario tener presente que la violencia ha estado latente en la historia del país. Desde esa perspectiva, el incremento de la criminalidad está relacionado con la incapacidad de nuestros gobernantes, y la inexistencia de acuerdos y políticas públicas que le den certidumbre a la república, así como la frágil institucionalidad jurídica existente, lo cuál se conjuga con la mala administración de los recursos y la injusta distribución de la riqueza nacional.

La criminalidad se manifiesta en dos vertientes muy importantes; la primera suele llamarse violencia común que tiene muchas manifestaciones concretas y que se sufre cotidianamente en diversas formas; la segunda vertiente, más peligrosa por el poder que asumen las organizaciones ejecutoras, tiene que ver con el florecimiento del crimen organizado vinculado principalmente con estructuras del narcotráfico y las mafias nacionales e internacionales solapadas desde los más altos niveles de gobierno.

La violencia vivida en marzo de 1994 se asoma de nuevo; y se percibe a flor de piel sin que nadie haga lo necesario por evitarla, y me refiero a la violencia estructural, que tendrá repercusiones políticas muy importantes y que está relacionada con los grupos de poder. Hoy en día los acontecimientos y la espiral de odios se confabulan para seguir manteniendo a una nación sometida y humillada. La lucha por el poder, a poco más de un año de las elecciones presidenciales, nos trae a la memoria recuerdos que se agolpan en la conciencia e inevitablemente nos obligan a reflexionar en aras de contribuir a desactivar todo intento desestabilizador que ponga en riesgo las ya de por sí deterioradas instituciones nacionales .

Los grupos de poder encabezados en su mayoría por mercaderes de la voluntad popular, afinan de nuevo sus estrategias en pos de retener o recuperar el poder para seguir alimentando sus irracionales ambiciones a costa de un país de mujeres y hombres generosos, un país que se resigna a enfrentarse por razones ajenas a su naturaleza y esencia.

México no se merece lo que ve, lo que respira, lo que siente y lo que percibe; los mexicanos reclamamos y exigimos solamente lo que nos corresponde, los mexicanos solo queremos y anhelamos un país de instituciones fuertes donde se respete el derecho a vivir en armonía; simplemente a vivir.


Comentarios al autor: colosio@hmo.megared.net.mx

Tuesday, May 17, 2005

Realidad nacional en descomposición

Por Luis Armando Colosio.

Por una democracia mal entendida. Incendios de edificios públicos, linchamientos, saqueos, motines, atentados, una constante. La falta de respeto a las instituciones y a la ley está de moda. Es producto de una democracia mal entendida, donde las cúpulas del poder la ignoran, y en consecuencia también un segmento de la población denominada por los estudiosos como “periferia hiperactiva social”.
Los capitalinos todavía no han visto lo peor –como es el penoso espectáculo ofrecido por las mujeres desnudas en la calle o el vandalismo del pasado 2 de octubre–, advirtió el sociólogo José Fernández Santillán, investigador y catedrático del Tecnológico de Monterrey, campus ciudad de México.


“La falta del respeto a los demás ciudadanos, pero sobre todo a las instituciones, es como una bola de nieve, que va creciendo”, dijo. Recordó que Carlos Marx decía en sus obras, “si los de arriba tocan, porqué los de abajo no podemos bailar”, esto en referencia al mal ejemplo que las clases gobernantes hacían –y continúan haciendo– a las grandes masas sociales oprimidas, que deciden en un momento dado, imitarlas.
“Veámonos en el espejo qué ofrecen países como Bolivia, Argentina, Perú, Colombia”, advirtió el doctor Fernández Santillán, al exponer que las inconformidades sociales destrozaron la convivencia pacífica de la sociedad.


Así en México se avecinan en forma más frecuente, drástica y atemorizante: incendios de edificios públicos, linchamientos, saqueos colectivos, motines, atentados contra instalaciones eléctricas y petroleras, asesinatos en nombre de la justicia popular, decomisos del pueblo, atentados contra jueces o funcionarios, ataques contra políticos deshonestos, a dueños de empresas, hacendados, banqueros y capitalistas en general.

Errores del gobierno
Para el doctor en “ideas políticas” por la Universidad de Turín, Italia, explicó que la demostración de las Mujeres de los 400 pueblos no es nueva, desde el punto de vista de la falta de respeto a las instituciones.
Los crímenes políticos de Luis Donaldo y Ruiz Massieu; la tolerancia al rebelde EZLN (que ya hizo otro estado dentro de Oaxaca ante la indiferencia del gobierno); la sospecha popular a la Iglesia católica en el narco y casinos; los fallos erróneos de jueces a poderosos e influyentes; los machetes de San Salvador Atenco; los caballos dentro de la Cámara de Diputados; los asesinatos de ciudad Juárez; el contrabando; las injusticias laborales, son pinceladas de una realidad compleja de la descomposición.


“El Estado (gobierno federal y local) han fallado en hacer respetar la ley, y han favorecido esa descomposición social”, volvió a advertir. “Existen grupos minoritarios, que son pocos representativos de la población en general. En su afán de atraer la atención de los medios informativos, usan métodos más extremosos”, explicó. El historiador Roger Bartra –añadió– los califica como “periferia social hiperactiva”, que tiene muchas facetas, orígenes y objetivos. Pueden ser autónomos, o pueden ser inducidos.

Signos de debilidad oficial
Para el también doctor de Liderazgo por la Universidad de Harvard, entre la principal causa de la descomposición pública se encuentra “la debilidad del Estado”. “El actual gobierno no obedece la ley, sino la desobedece”, y esta actitud se convierte en una forma de relación entre las bases sociales respecto a las cúpulas de poder. El caso del Cardenal Sandoval que no fue sujeto de la ley; el caso de los Amigos de Fox (que aún con sus ilícitos el gobierno no perdió legitimidad); la parcialidad de la PGR en varios casos muy sonados, incluyendo el anterior; los disturbios de Cancún; la parcialidad del IFE; el vandalismo de 2 de octubre en la capital; “son sólo eslabones de una larga cadena que aún estamos muy lejos de ver el extremo final”, comentó el doctor José Fernández Santillán.


“Es una tónica de actuar que se hace costumbre”, agregó. Y como tal, nadie reacciona, porque influye el cinismo, la complicidad, la falsa tolerancia, el íntimo reconocimiento a las actitudes.

Democracia y anarquía
Además, la irreverencia ocurre también debido a una confusión de la democracia con la anarquía. “Por eso podemos decir, que México en vez de vivir una nueva etapa democrática, vive una democracia en prematura decadencia, ilustró el especialista. Los propios políticos, funcionarios y legisladores justifican la falta de respeto a la ley con la pluralidad. John Hall, sociólogo de la Universidad de McGill, de la ciudad de Montreal, Canadá, dijo que la falta de respeto a las instituciones, “es un empate fascistoide”, recordó. Es decir, “facciones de la izquierda extrema, abanderan causas supuestamente populares, y en ese torbellino sacan a flote los resentimientos sociales, causa de la pobreza, la ignorancia, codicia, injusticias que provoca desde hace dos décadas el sistema económico neoliberal, ilustró.


En este aspecto, el doctor Fernández Santillán –quien es discípulo y traductor del científico italiano Norberto Bobbio– aseguró que la descomposición de la paz pública en México, es una secuela de la política económica neoliberal, que concentra cada vez más la riqueza en unas cuantas manos, y cuyas consecuencias extremas aún no somos testigos, como testigos ya son poblaciones enteras de América del Sur.

Friday, April 01, 2005

A los Jóvenes y a los no tanto

Por Armando Colosio Muñoz.

El 90 por ciento de los jóvenes, sin importar el nivel educativo que tengan, utilizan en promedio 85 palabras para comunicarse. “Tienen poco interés por la cultura. Ni les interesa, ni la conocen ni van para allá. La escuela ha sido fundamental en eso. Los maestros no ganan bien; están mal preparados, y sólo interesa dar su clasecita y cobrar su miserable sueldo”, lamenta Ernesto de la Peña, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua.

Entre esas 85 palabras están güey, mamón, onda, padre y las groserías, aunque, dice, éstas no son bien utilizadas. “Yo me doy por bien servido; conozco muchas y creo que las sé emplear en un momento oportuno, pero nada más hablar con base en groserías es no decir nada; el efecto que puede tener una grosería de agresión, se mella para todo, como el caso de güey”.

La problemática del uso de la lengua se da en el seno familiar y debe ser tratado con firmeza en la escuela. Los maestros son la pieza clave para el uso correcto de la lengua, como bien lo expresa De la Peña. La escuela seguirá siendo el pilar fundamental en la generación de hombres y mujeres mejor preparados y por consiguiente mejor encauzados en el uso del lenguaje.

Alerta que en México, el idioma muere, pues ni los hombres políticos pueden utilizar de manera correcta las palabras, (Ojo Creel, Fox, Diputados, Senadores, etcétera). Y, si ellos que son quienes nos representan se comunican peor que las bestias, el problema se agrava, sobre todo en las zonas más desfavorecidas.

“A mí me da envidia cuando hacen encuestas por las calles de países latinoamericanos, que no tienen la misma importancia que México, como Guatemala o Costa Rica, y las personas hablan con mayor soltura. En contraste con los mexicanos que para todo ponen el ‘pues’ o simplemente no contestan adecuadamente”.
Para erradicar el uso incorrecto de la lengua, advierte el doctor Ernesto de la Peña, quien conoce 32 idiomas y es ensayista, poeta, traductor y escritor, que el vehículo adecuado es la familia en primer término y la escuela. El país necesita que sus jóvenes amen la lengua, pues es su primer órgano de trabajo con el cual piden empleo y se relacionan. Resignado a que la lengua seguirá en decadencia, a Ernesto de la Peña ya no le interesa hacer un llamado a utilizar de manera correcta el lenguaje, pues invitado a hacer una reflexión a la ciudadanía para hablar bien, dice “¿Pero quién me va a pelar?, ¿Quién me va a hacer caso?”.

Su tarea como integrante de la Academia Mexicana de la Lengua es vasta. “Hago programas, doy información sobre las palabras, doy significados, pero no puedo solo, se necesita un grupo de gente que lo haga, una especie de cruzada”. Aún así, y consciente que no se hará nunca, propone una reforma radical y honesta que incluya al sector educativo y emplee recursos para el sueldo de los maestros y mejores herramientas de trabajo, pues “son ellos quienes forman o deforman a las generaciones”.

El resultado de las dificultades que enfrenta México en el sector educativo y otros es que, concluye De la Peña, “la juventud está en una condición lamentable”.


Comentarios al autor:
colosio@hmo.megared.net.mx

Monday, November 29, 2004

¿Es la familia, la escuela o el capital?

Por Luis Armando Colosio.

Hace algunos meses en este mismo espacio comentaba sobre la lucha demencial por el poder político en México, y como el fenómeno de la corrupción se mezcla con una ambición prosaica y degradante por obtener espacios privilegiados de poder en la administración pública, y en algunas áreas y actividades que generan riqueza económica contaminando irremediablemente el desarrollo y la convivencia normal de la sociedad.


La historia sobre las luchas por el poder nos relata las mismas imágenes que hoy en día estamos viviendo, es el mismo fenómeno que en el umbral del nuevo siglo aparece desafiante y al cuál debemos explorar a fondo y con seriedad para poder darle viabilidad y certidumbre a las próximas generaciones confundidas por la desesperanza, y la degeneración de la política pública y empresarial. En este sentido quiero poner de manifiesto el imponente papel que juega el capital frente a la familia, la escuela, la sociedad, como uno de los elementos que estremece y devora ideologías, tritura principios y valores y que va más allá de la lucha simétrica que debiera ser la esencia en la conducción de los pueblos.


La familia; punto de arranque en la consolidación de valores, la escuela; sublime generador de experiencias únicas, que poco aportan hoy en día a la construcción de una generación de hombres y mujeres forjada en una educación humanista y de calidad; vemos con tristeza y recelo como el capital nos invita todo el tiempo a colocarnos sobre su terreno de lucha: y si aceptamos, ya perdimos antes de empezar. Comparto con quien piensan que su papel es de organizar a los del dinero y simultáneamente, desorganizador de las clases subordinadas. Tienen razón; y no hace ninguna diferencia quién "controla" el estado: mientras exista el estado, el capital lo va a controlar, simplemente porque el estado hoy en día sigue siendo una forma burguesa de relaciones sociales.


Después de todo y a medida que vamos procesando hechos y deshechos relacionados con la vorágine de los censurables acontecimientos que agobian y estremecen día con día a millones de hombres y mujeres a lo largo de la geografía nacional, nos confirma categóricamente que la política subrepticia y su fiel hermano el capital, van de la mano construyendo escenarios que seguramente se confabularan en pro de un inicuo proceso evolutivo ya muchas veces escenificado a lo largo de la historia; solo para concluir mi estimado lector, o dejamos que la historia se repita, y la asumimos simplemente como espectadores, o giramos el timón, donde no nos alcance jamás.