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Tuesday, June 14, 2011

Trabajo Social contra la Violencia y la Guerra contra las Drogas

Trabajo Social contra la Violencia y la Guerra contra las Drogas

Por Alexandra Endres, Zeit Online

*Traducción simple de Google Translation.

En México, la violencia aumenta, porque las pandillas se organizan en la sociedad un caldo de cultivo. Pequeñas iniciativas tratan de hacer frente a este flagelo.

Se les llama "Ni-Nis", "ni-ni". significó que la gente joven que no tienen ni la formación son todavía un trabajo. Ellos han abandonado la escuela o la universidad. Ellos no buscan trabajo. Porque su vida, en su opinión, no tiene futuro de todos modos.

México es sinónimo para muchos de estos jóvenes a la pobreza, la desigualdad y la violencia. Porque no sé qué será de sus vidas, que puede atraer a - también por la delincuencia organizada. Muchos expertos dicen que por lo tanto: ¿Quién quiere luchar contra las bandas organizadas y carteles de la droga, tiene que mejorar las condiciones sociales.

Calle luces y mediación de conflictos

está en el estado de Nuevo León, cuya capital es Monterrey, se quiere comenzar antes. El gobierno está llevando a cabo un proyecto hay que fortalecer la sociedad civil en las zonas desfavorecidas. Los voluntarios van allí específicamente en los barrios, con lo que la pobreza así como de alta, bajo nivel educativo y muchos actos de violencia. El centro histórico de Monterrey es uno de esos barrios. En primer lugar, el objetivo aquí es establecer un suministro confiable de agua, alumbrado público creado para construir aceras y zonas de juegos. La gente debe sentirse más seguro. Y debido a que los vecinos cooperen, por lo que surge el concepto de identificación.

Es importante no era sólo el uso de las fuerzas de seguridad, dijo un miembro del proyecto que desea permanecer en el anonimato. "La violencia que prevalece en México, por varias razones. Los grupos organizados llegó a Nuevo León, encontraron el terreno ha sido preparado para ocultar la propia." Todavía no está implementado en Monterrey la mayor parte del proyecto, las autoridades no desean hacer un comentario oficial sobre sus planes. Pero el concepto es y será probado en una fase piloto.

En un segundo paso, que luego va a la educación. Los estudiantes y aprendices recibirán una mejor educación y las escuelas están mejor equipados. Pero los rescatistas también quieren ofrecer habitaciones donde podrás conocer a los vecinos a los eventos culturales o deportivos. Y quieren educar a la gente en una vida sana y la mediación de conflictos. Además de las autoridades es ayudar a los empresarios, universidades, iglesias y otras organizaciones de la sociedad civil en la ciudad. combinar todas las fuerzas disponibles, a fin de hacer frente a los cárteles, es la idea. Sólo cuando todos estos esfuerzos no ayudan, para intervenir, las fuerzas de seguridad.

La desesperanza y la violencia

¿Cuántos de Ni-Nis hay en México, es motivo de controversia. Sólo 285.000, aplacó el gobierno oficial Mexikano Instituto de la Juventud. Pero el número está en duda: La agencia espera que las mujeres jóvenes simplemente no lo hacen si se quedan en casa y ayudar con las tareas del hogar. La asociación de empresarios ", dice la Coparmex, en verdad, había ocho millones de mexicanos jóvenes sin perspectiva. Este fue el segundo número más alto en el mundo. Los datos oficiales apoyan esta hipótesis: Según las últimas cifras disponibles decir 22.1 por ciento de los mexicanos aproximadamente 34 millones de entre doce y 29 años, no tenían la formación, ni tienen un trabajo.

Y con la falta de perspectiva es acompañada por la violencia: las organizaciones de derechos humanos y el Banco Interamericano de Desarrollo BID se quejan de un alto nivel de violencia contra las mujeres y los niños, incluso dentro de las familias. Muchos actos no son procesados por la Justicia. A menudo, el comportamiento violento de generación en generación, dicen los investigadores de la JID. Los costos sociales y económicos son altos.

Todo esto es la base sobre la que el floreciente negocio de los grupos delictivos organizados. "Los cárteles y sus víctimas son parte de la sociedad", dice Edgardo Buscaglia, que estudia la delincuencia organizada en México desde hace años. "Esto sólo es posible en conjunto, no podemos mantenerlos separados." Tanto más urgente es la "prevención social" hacia adelante.

Este se dedica a la prevención, por ejemplo, José Luis Carrillo, quien estableció una base en el centro de Guanajuato México, sin la ayuda del gobierno. "Quiero algo a la sociedad", dice. "Mi padre era un médico. Mi hermana y yo tenemos una educación y tener un trabajo." Para aquellos que no tuvieron tanta suerte, él quiere ayudar. Su fundación es el de "las balas se convierten en sonrisas."

La clase media de su deber

Carrillo es un experto en fiscalidad internacional y las finanzas públicas, que ha estudiado en el extranjero en México y opera varias firmas de la ley. Su fundación Impulso bordea. Con ella se quiere mover a la gente en las clases media y alta a trabajar para la compañía, dice el abogado. "No podemos dejar toda la responsabilidad del gobierno. La sociedad civil debe complementar". Su enfoque es similar al proyecto nacional en Monterrey: fortalecer los desfavorecidos y los pobres.

¿Cómo puede funcionar esto, muestra la silla de ruedas campaña de donación de Impulso: Junto con sillas de ruedas médicos serán distribuidos a los necesitados. Se permitió a los beneficiarios para ir a trabajar, y de paso también alivia sus familias. "Muchas de las cosas los beneficiarios de vender en el mercado. Sólo podía mover por el rastreo", dice. "Tenemos que seguir incluso después de haber entregado las sillas de ruedas para ver qué cambios hace." Esta recaudación de fondos nació de la iniciativa de un empresario privado que le dio la idea de Impulso. "Ella tiene una pequeña tienda de necesidades ortopédicas, compra a bajo precio, y dona una porción de sus beneficios", dice Carrillo. Esto fue seguido por otras empresas y particulares, algunos dan tiempo.

Impulso ejecuta otros programas. Uno de ellos es para ayudar a asegurar que los niños no caer en la delincuencia organizada. "Queremos que los empresarios y académicos traer para compartir sus experiencias a los jóvenes. Para los niños de seis y siete años de edad, hay otro programa para llegar a donde ella enseñó los valores familiares", dijo Carrillo. Y la Fundación se encarga de un programa de reciclaje de eléctricos para proteger el medio ambiente.

Pero Carrillo tiene otros planes. Algunos lugares en México son tan altamente contaminadas con toxinas que incluso fue acusado de las aguas subterráneas, informa. Muchas comunidades en el país no tiene sistema de alcantarillado y eliminación de basura funcionamiento no confiable. Ellos querían ayudar a limpiar el país. "Podrían ser atractivo para los turistas que traen sus residentes un ingreso", dice. Al final, Carrillo se ejercen influencia política: una mejor educación, medio ambiente y las políticas financieras son el blanco.

Pero primero viene el terreno tedioso. Esto también está en Monterrey dom. El éxito sólo llegará a largo plazo. Sin embargo, Carrillo y el Gobierno de Nuevo León no son los únicos que su campaña contra la creciente violencia. Los atributos se relacionan con otros proyectos. La plataforma Causas.org ejemplo, sus creadores para reunir a los mexicanos comprometidos. Cauce Ciudadano u organización que busca la juventud a través de trabajo en las calles y obtener una mejor educación de la vida no-violenta.

Con el fin de sanar el tejido social, hay que empezar de cero, según los investigadores Edgardo Buscaglia. Esto es tedioso. Pero al final es para México puede ser más importante que el uso de las fuerzas de seguridad contra los carteles.

Tuesday, June 29, 2010

ANCORA IMPARO

México y su Tercera Insurrección

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

La tragedia no te hace a prueba de balas... pero sí las aguantas mejor que los demás... Esta es, quizás, una de las más importantes enseñanzas que la vida hasta el día de hoy me ha dejado. Sin embargo, cada golpe, por sutil o insignificante que pudiera parecer, tiene, tarde o temprano, una cierta manera artera de llegarnos a donde más nos duele. México ha sido ya, por muchos años, un país desorientado, irresponsablemente mal aconsejado y, peor aún, social y moralmente desahuciado.

Al enterarme del sensible fallecimiento de Rodolfo Torre Cantú, candidato a gobernador para el estado de Tamaulipas, sentí un grave y profundo malestar. Esa clase de molestia que impide que uno descanse por las noches, esa angustia inexplicable que nos arroja fuera de nosotros mismos y nos roba maliciosamente de una realidad coherente y explicable. Rodolfo fue mi amigo, y aunque lo conocí muy poco, no lo niego, tenía fe en su persona. No por su partido o propuestas de campaña, sino por su integridad como ser humano que, desde el momento de estrechar su mano, se apreciaba en ondas cálidas de autenticidad y franqueza. Mi más sentido pésame a su familia y amistades, muchos de ellos míos también, por esta irreparable pérdida.

Ahora bien, más allá de la trágica pérdida de este extraordinario ser humano, así como del candidato a presidente municipal por el municipio de Valle Hermoso, Tamaulipas, quien falleciera en similares circunstancias, debo asentar una reflexión: ¿qué más hemos perdido? Como nación, México está entrando a una delgada línea entre la sanidad y la locura, donde el arrebato de pasiones se desbordan en direcciones que no demuestran ser favorables para nadie. ¿Pero qué diablos le está ocurriendo a México? Ahora el crimen organizado ha enviado un mensaje claro y fuerte y que resonó tan duro y potente como metralla: la democracia en México también es asesinable. Más allá de la corrupción enmohecida dentro de nuestras instituciones, ahora cargamos con esta nueva amenaza que atenta en contra de todos los niveles de gobernabilidad y soberanía que antes creíamos ostentar como nación.

Se me viene a la mente aquel comercial de Iniciativa México y no puedo sacarme de la cabeza una cierta frase que detonó en mí la reflexión de un tema que ya venía yo acuñando desde hace meses, "cada cien años México se propone hacer algo grande". Lo cierto de esa frase es que cada cien años, desde la institución de este país como uno independiente y autónomo, México vive ciertamente algo grande. Una afronta bélicosa para garantizar nuestra continuidad como nación, y que se desata una vez por siglo. Primero por nuestra independencia. Después por nuestra democracia. Hoy, sin darnos cuenta, estamos ya todos involucrados en medio de una guerra que estalló hace algunos años y que invariablemente nos afecta a todos. México está viviendo ya su tercera insurrección y somos nosotros, sus ciudadanos, sus principales caudillos, ya que en nosotros está el poder de resistencia y fe que nuestra nación requiere para salir avante. Paciencia y fe...

Esta guerra que vivimos en contra del crimen organizado, cuyo propósito ha sido hasta ahora el de contaminar y corromper las fibras más hondas de nuestra integridad como país democrático e independiente, era algo que se veía venir, algo que quizás tarde o temprano tenía que pasar, y sin embargo creo que nadie dimensionábamos la magnitud del culatazo de nuestras propias armas, y más aún, que el enemigo estaba ya hábilmente consolidado entre nosotros. Paciencia y fe...

¿Y qué nos corresponde a nosotros como ciudadanos? Supongo que esperar, y aún así no sería suficiente. El día en que exista sinergía entre sus ciudadanos, México tendrá esa cohesión nacional que tanto necesita. El repudio a nuestras instituciones es comprensible, mas nunca productivo si no se acompaña de un auténtico deseo e intención de "sanitizarlas". ¿Reformas? ¿Marchas? ¿Protestas? ¿¿Funcionan?? El día en que nos interese lo que está sucediendo en nuestro país lo suficiente como participar en la medida en que nos sea posible, ese será el día en que la democracia en México recobre las fuerzas necesarias para dar réplica a esta ola de incertidumbre por la que estamos atravesando. ¿Quién se une? Paciencia y fe...

La pérdida de hombres como Rodolfo Torre Cantú a manos de esta guerra es algo inaudito, reprochable, abominable. Algo que no creíamos que fuera posible por que tal vez no habíamos dimensionado la gravedad de nuestra propia situación y del daño colateral que nosotros los mexicanos recibimos a causa de ella. Yo le tengo amor y fe a este país. En él nací y crecí, y será este suelo el que me verá morir, aunque desgraciadamente continúan sucitándose situaciones que me decepcionan de mi patria, y para rematarme, la fría estocada de la indiferencia de sus ciudadanos. Qué lástima, y yo que creí que México ya había superado aquella lamentable etapa de asesinar a sus candidatos...

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

Friday, June 18, 2010

ANCORA IMPARO

Nefro-Necrosis Nacional

Por Luis Donaldo Colosio Riojas

Los hemos abandonado. Nuestras fuerzas más básicas de defensa se han quedado solas, al margen del desprecio de todos nosotros. ¿Pero qué demonios les pasó a nuestras instituciones de seguridad pública? ¿En qué momento se convirtieron en algo que quisiéramos no tener? ¿Por qué es a ellos a quienes les tememos a veces? Esto me avergüenza, me da tristeza, me sofoca, pero aún más, y aunque para nosotros sea difícil reconocerlo, el hecho de que es nuestra culpa.

Y aquí empiezan las largas letanías. Los llantos y sollozos y maltrato vejatorio de esta Epifanía moral. Gritos de, “no sabemos cómo manejar esta situación”, y “no es culpa/responsabilidad nuestra, es del gobierno”. No podemos seguir cegándonos ante la cruda realidad de nuestra desidia al momento de encarar las responsabilidades que todos compartimos por el simple hecho de pisar el bendito suelo de este país.

La realidad es que los hemos ignorado por tanto tiempo que no les dejamos alternativa. El hecho que un policía encaje en un concepto que no diste mucho al de un criminal ordinario o, incluso peor, durante los últimos meses del de un criminal peligroso, es alarmante, pero más aún el hecho de que son así por causa nuestra. Si no me quieren creer, sigan leyendo.

A esta gente les prometemos algo y no lo cumplimos. Los ponemos en la primera línea de defensa, al borde del peligro. Les exigimos, a veces de manera condescendiente porque “es su trabajo”, que arriesguen sus vidas, su seguridad y la de sus familias por nosotros. Nosotros, a quienes no conocen, les exigimos que nos antepongan a sus familias. Ellos, quienes están a cargo de mantener el orden y balance de la armonía en nuestras ciudades son sólo reconocidos al momento del reclamo, jamás del mérito. “El mérito no se lo merecen”, decimos, “porque simplemente están cumpliendo con su trabajo”.

¡Pobres de ellos! Aquellos hombres y mujeres que se exponen cada día por nosotros. No reciben sueldos dignos, de lo contrario no había “mordidas”. No reciben prestaciones adecuadas (aquellos de ellos que las reciben, claro, porque esas cosas para ellos son ya hablar de privilegios), de lo contrario no habría ausentismo. No reciben seguridad para sus familias en el caso de que ellos les falten, de lo contrario no tendrían dudas al enfrentar su deber.

¿En qué momento pasamos por alto el cuidar nosotros también de ellos? ¡Y no, esto no sólo es responsabilidad del gobierno! Ni siquiera voy a empezar a abordar ese tema, porque una columna semanal no me alcanzaría, pero partamos de la premisa de que el gobierno somos nosotros. Nosotros pagamos los impuestos y de nosotros se debe de ocupar el erario. Votamos en cada elección por aquella persona que se supone va a actuar de acuerdo a lo que nosotros queremos ver que se haga. Pero ni eso hacemos, y así todavía esperamos milagros...

Ser un elemento de un cuerpo de seguridad pública en este país debería de ser un honor. Debería de ser un privilegio aspirado por muchos. Debería ser, incluso, un papel que con orgullo podamos ver desempeñado por uno de nuestros hijos. Porque eso son ellos, hijos de México. Hijos de México que México eligió ignorar.

A ellos no les guardo rencor, porque sería irresponsable de mi parte. Sería irresponsable esperar tanto de ellos si no me aseguro como mexicano el que estén previstos de la mejor capacitación física, mental y académica. Que estén previstos del mejor equipo, tecnología e inteligencia. Con disgusto comento que no a todos se les arma con una pistola, no por falta de confianza, pero por falta de “presupuesto”. Aquellos que portan arma, no siempre tienen cartuchos (balas). Y aún así los enviamos al frente de batalla, para pelear por nosotros, simplemente porque para nosotros es su obligación. Los sueldos mensuales de nuestros héroes deberían acercarse a las mega-multas que se imponen en algunas ciudades. ¿Cuál de ellos aceptaría quinientos pesos por hacerse de la vista gorda a una infracción de tránsito si recibiera un sueldo así? ¿Por qué no garantizamos el bienestar económico y patrimonial de sus familias? ¿Por qué no les damos un seguro de vida digno? ¿Por qué nosotros no nos hacemos responsables del sano y mejor desarrollo académico, social y emocional de sus hijos? Nuestros policías son hijos de México y nosotros, señoras y señores, somos México. ¡Dejemos de ignorar a nuestros hijos!

Así como el riñón tiene la función de filtrar impurezas y potenciales amenazas de nuestro organismo, así nuestras instituciones de seguridad pública tienen la labor de limpiar y filtrar este gran organismo que se llama sociedad. Estas instituciones, por nuestra desidia en atenderlas, están lentamente sucumbiendo ante la infección de inseguridad que nos acontece el día de hoy. Estamos, desgraciadamente por descuido propio, agonizando en una nefro-necrosis nacional.

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

Monday, March 23, 2009

A 15 años y otros más: el México que queremos y aún podemos.

A 15 años del fallecimiento de Luis Donaldo Colosio no dedico las líneas para expresar los sentimientos que, basados en los lazos familiares, me llevarían a hablar de la nostalgia de un momento que fue en un lugar que ya no existe.

Hoy expreso mi voz como mexicano que en pleno uso de sus derechos y libertades, insta a proponer y cumplir las ideas y acciones para el México de los justos reclamos, el México dolido por la creciente inseguridad social e instabilidad económica, el del hartazgo por la ineficiencia política de quienes ejercen el poder público y de la complicidad de grupos que se coluden en el qué hacer político para garantizar leyes y dictámenes que les protejan; el México de la sorprendente indiferencia social pero igual inmenso de impotencia por intentos fallidos para cambiarlo y del México ansioso de triunfos sinceros.

Hoy expreso mi voz ante lo mezquino e indiferente de nuestro sistema político que no ha podido internalizar el sentir de las ideas y propuestas de cientos de mexicanos que lucharon y de los que siguen luchando por convertir a tal sistema en uno eficiente y pragmático, que luchan para ofrecer al país un rumbo y dirección.

A 15 años y otros más: el México que queremos y aún podemos resume una posición y entendimiento de nuestro país basado en la discusión y en el análisis de la estructura política y social que engloba el qué hacer de los mexicanos.

No tomo crédito total de las ideas expuestas, tampoco expresan estas líneas un análisis en términos absolutos y no pretende generalizar situaciones. Son, en sí, un comienzo al llamado para la acción.

Nuestro México ha cambiado y sigue transformándose. Sería inútil argumentar que México está estancado en todos sus aspectos. Al pasar del tiempo, tenemos un México más participativo, más abierto. Hemos construido un gobierno más incluyente y un México más libre. Al pasar de los años celebramos en México mayores libertades y garantías individuales que permíten la crítica, el debate y en cierto grado la rendición de cuentas.

Tenemos un México con mayor participación. Existen cada vez más mexicanos que en sus trincheras están convencidos que la comunidad es la base de la transformación social y que más allá del bienestar individual, está de por medio la convivencia en armonía y el respeto al derecho ajeno para garantizarla.

Existen cientos de mexicanos que han tomado en sus acciones la bandera, sin ideales profanos, del compromiso individual con el todo. Dentro y fuera del país existen mexicanos convencidos que la suma de voluntades y el reconocimiento de nuestra diversidad provee la fuerza para construir nuestro presente y edificar un futuro más cierto. Los felicito por que la voluntad que los mueve es más persistente que el hartazgo que los sofoca.

Sin embargo, nuestro México no representa aún lo que queremos. Más allá de lo que hemos logrado, la realidad dista de lo que buscamos y sentimos que podemos.
Queremos un México fuerte, un México competitivo, justo y equitativo.
Queremos un México con paz social, un México que sin importar tus raíces te ofrezca las oportunidades para la realización personal y profesional.
Queremos un México honesto, un México que reconoce sus realidades y responde a la altura.
Queremos un México con promesas sólidas.
Queremos un México en el que nadie se quede al margen de la ley.

Si esto queremos, ¿por qué no lo tenemos?

Las ineficiencias del México que tenemos no sólo son políticas y económicas, también son sociales. Y para obtener el México que queremos no basta lograr la transición política y confiar en los términos de un modelo económico ya establecido: para lograr el México que queremos, requerimos también de una profunda transformación social.

Estas ineficiencias provocan la crítica y reflexión con respecto al qué hacer político y de los efectos negativos del modelo económico en el que trabajamos. El sistema que tenemos refleja también lo que como mexicanos somos; no sólo nuestra rica cultura artística y artesanal, la cultura del folklore, tradiciones y costumbres y tonos de colores; el sistema que tenemos refleja nuestra cultura social, la de la organización social, la de nuestro sentido de comunidad, pertenencia a un grupo, a una sociedad, a un país.

No vamos a poder avanzar a crear un México socialmente distinto si no estamos dispuestos a cumplir nuestras obligaciones cívicas y a comprometernos socialmente con el desarrollo y respeto de nuestros pueblos. Vivimos en un México con un alto grado de indiferencia y con profundas diferencias de clases. Este aspecto sigue creando una brecha enorme de quienes pueden y no influenciar el entorno que les rodea, de quienes pueden y no influenciar las políticas que les afectan.

Si queremos un México distinto al que tenemos, debemos acortar esa brecha. Es obligatorio. Mientras no lo hagamos, no habrá diálogo en este tema y México no logrará avanzar. No podremos tener un gobierno eficiente y un sistema social justo y equitativo sin tomar en cuenta que como sociedad también tenemos que exigirnos una transformación y actuar en la realidad.

Cientos de mexicanos lo han reconocido y están trabajando, de alguna manera, en este tema. Sin embargo, como un todo, no nos hemos atrevido a hablar de esta realidad y enfrentarla, no nos hemos atrevido hablar de esa parte cruda de la cultura mexicana, y desenmascararnos y dejarnos al desnudo; no somos nada si no somos uno y ese uno es la suma de las partes reconociendo que siendo tan diferentes formamos parte de una sola materia.

Por eso, si en México estamos hartos de una clase política mezquina y mediocre, si en México estamos hartos de la corrupción y complicidad de las cúpulas empresariales, que cierran filas, que evaden el fisco y que no invierten en capital humano; si en México estamos hartos del sistema político y económico que tenemos; si estamos hartos de la ineficiencia educativa y baja productividad; si en México estamos hartos de la impotencia por no ser escuchados por quienes deberían hacerlo; si en México no dejamos de ser indiferentes, entonces nos quedan dos opciones: o nos adaptamos o nos transformamos.

Si decidimos adaptarnos, entonces quizá la transformación será menos dolorosa, viviremos y seguiremos siendo parte de un sistema que se define solo, que refleja, como espejo, lo que no podemos.

Pero si decidimos transformarlo, no será la tarea de una persona, de un grupo, sino de una generación o varias generaciones convencidas que el México que tenemos no es el que queremos; podemos un México distinto y con persistencia podemos obtenerlo.

El triunfo que los mexicanos desean vendrá de estas generaciones, no provendrá de nadie más; el triunfo que anhelamos vendrá de las generaciones que vivan con la conciencia de que la transformación no será fácil ni se logrará en el corto plazo pero convencida de que es al hora, de que llegó el momento en el que el curso del país tenga como centro el reconocimiento de nuestras diferencias y la suma de las voluntades; el triunfo será de las generaciones cuya base sea el compromiso social con sus comunidades.

Las propuestas y caminos para lograr el triunfo esperado y el México que queremos podría contar con al menos tres características: (1) profunda consciencia social, (2) enfoque nacional y patriota y (3) extensa organización comunitaria.

A 15 años o más, aún tenemos la opción de morirnos en la hambruna de justicia, de paz y estabilidad social y económica, tenemos la opción de morir en la hambruna por la impunidad y carencia de sentido demócrata y nacionalista de quienes ejercen la voluntad política de nuestra sociedad; o tenemos la opción de transformar nuestra manera de vernos a nosotros mismos y avanzar también pensando en las generaciones venideras.

México necesita con urgencia una visión progresista, pragmática y con estrategias eficientes. Un plan de país basado en el consenso. Ya no podemos seguir siendo "presos de la clase política" que sólo dicta, en su conveniencia, lo que es mejor para el pueblo de México.

Las propuestas de país que buscamos no tratan con el rompimiento con el Estado, sino de extenderle la mano. Trabajar en conjunto. Sumando. Gobierno y sociedad. Las propuestas llaman a la transformación social.

¿Cómo lo logramos? ¿qué medios tenemos para cambiar al país? ¿cómo desarrollamos una propuesta realista basada en el debate y en el consenso? ¿una propuesta lógica y con sentido nacionalista?

Muchas mexicanas y mexicanos se han lanzado a la crítica abierta al sistema y de los propios mexicanos, se han lanzado a la crítica de quienes gobiernan y controlan el destino del país. Pese a ser un gran comienzo, no es suficiente. Necesitamos encontrar los mecanismos para que nuevas estrategias cambien la manera en que se hacen las cosas.

Es necesario discutir y crear el consenso para que de ahí emanen las estrategias. No podemos diseñar caminos sin tener rumbo. Qué dirección vamos a poner al país es la primera cuestión, de ahí surgirán las acciones.

Por ello, las acciones y mecanismos que se creen de la discusión y del consenso tienen que ir enfocados, en parte, a transformar la manera en que la participación ciudadana influye en el proceso de creación de políticas públicas.

Mientras tanto, es frustrante ver que lo que se discute en la mesa de nuestras casas, en el lugar de trabajo, con colegas, con compañeros, etc., no se pueda ver reflejado en el qué hacer de quienes conducen el país.

El mecanismo actual provoca impotencia. ¿Qué medios existen, además de la protesta y movilización social, para hacer que nuestra voz se escuche, y mejor aún, se transfiera en propuestas de políticas? En realidad muy pocos.

El sistema actual es uno en el que quien busca ejercer el poder político a través de la representación popular se acerca a las bases, consigue los votos y procede a crear políticas. Pero este sistema excluye por mucho a la organización comunitaria, su intención para el diálogo y sus propuestas de qué hacer político.

La transformación del México que queremos y del proceso de hacer políticas debe incluir la inclusión de la organización comunitaria en el proceso continuo de sus formulaciones, para su monitoreo y evaluación. Quién mejor que las mismas comunidades para proponer cuáles son sus prioridades, sus fortalezas, sus debilidades. Quién mejor que las comunidades para ejercer las mismas políticas que les influyen.

Algunos preguntan ¿quién debe de tomar el liderazgo para este debate? ¿la clase empresarial? ¿ la sociedad civil? ¿los partidos politicos? Existen en México cientos de académicos, profesionistas, empresarios y trabajadores de todos los sectores con una idea clara de lo que México necesita. Existen cada vez más centros de estudios y periodistas que podrían comenzar la organización de este debate nacional. Se debe proponer un debate honesto pero que no provenga necesariamente de la iniciativa gubernamental ni de la clase empresarial que tradicionalmente lo representa. México es mucho más que eso. Deberá ser un debate que provenga de las bases, de los mismos mexicanos que estan en la trinchera del ya merito, del esfuerzo cotidiano de hoy sí y mañana también.

Este debate por el México que queremos tienen muchas aristas por dónde comenzar. Los talentos están dentro y fuera de México, son reales, existen. La organización comunitaria, expresada en centros comunitarios, en gremios, en partidos, en grupos empresariales, etc., es la que propondrá en debates sus prioridades, es la que participará en la implementación de programas, en las auditorias, en la rendición de cuentas, en la retroalimentación. La organización comunitaria propondrá, la clase política escuchará, ambos trabajarán.

México requiere también de una política social integral, no sólo enfocada al desarrollo de los que menos tienen, los desfavorecidos del sistema y es relevante porque permite que no caigan más allá en el despojo de oportunidades. Pero México necesita también de una política social de la cultura de México, del fortalecimiento de nuestras diversidades, una política que promueva la integración social y la promoción del conocimiento de nuestra cultura entre nosotros mismos.

En México necesitamos educarnos de lo que somos y no somos. Bien podrían crearse o expandirse cuerpos de paz nacionales, que como organización promuevan el intercambio cultural de los mismos mexicanos y creen sensibilidad social y cívica a través del conocimiento de las comunidades tan diversas para entender las realidades de nuestros pueblos. Esto tendría dos objetivos: promoción de programas alternativos de desarrollo con recursos propios de la comunidad, lograr el sentido de pertenencia/propiedad de los programas y segundo impulsar la organización comunitaria/establecimiento de centros comunitarios para el diálogo, etc.

En México necesitamos del sector empresarial, del pequeño y mediano empresario, el que genera empleo, el que está en la trinchera del esfuerzo, proponiendo, buscando maneras para asegurar el éxito. Necesitamos de este sector, fortalecido, en cámaras o gremios a través de los cuáles puedan desarrollar políticas y medios de acción.

Neceistamos un sector empresarial ético, comprometido con la gobernabilidad y en contra de la corrupción. Un sector empresarial que tenga capacidad de propuestas y generen comités de vigilancia para asegurar que las políticas funcionen para el fortalecimiento del sector, para elevar la productividad y la competitividad regional y global.

En México necesitamos concordancia de políticas. Por ejemplo, que la educación sea liberada del rezago en el que su mismo liderazgo sindical la tiene sometida. Una educación progresista que vaya de la mano con la política económica para desarrollar el capital humano necesario para competir regional y globalmente.

En México necesitamos un sistema de justicia eficiente. Que nadie se quede en el márgen de la ley. En México necesitamos de la rendición de cuentas, de gobernabilidad, de fortaleza en las capacidades y de un sistema que incluya la característica de que quienes sean elegidos sean realmente responsables ante la población que representan y no a los intereses de las banderas que representan.

A 15 años y más, el México que tenemos sigue siendo el mismo México de los justos reclamos, del olvido de las comunidades, de la impunidad, de la impotencia, de la arrogancia e ineficiencia de las oficinas de gobierno; nuestro México sigue siendo el del oportunismo y corrupción, el de la indiferencia.

El México que tenemos, es por mucho, el México que no queremos.

El Estado que tenemos - al menos el que queremos - se rige por las reglas de la democracia, la suma de voluntades, el diálogo. El llamado que México nos exige hoy es para la creación de un Estado funcional, pragmático y eficiente.

Es la hora de debatir.
Es la hora de crear la visión de país que queremos.
Es la hora de crear consensos.
Es la hora de la inclusión social.
Es la hora de integrar una propuesta sólida que reconozca la situación real del país y proponga las tesis y los lineamientos de qué nos llevará a lograr lo que queremos y podemos.

Queremos un modelo, repito, funcional, el modelo de un México autónomo, libre y soberano. Un sistema mexicano que sume las voluntades y cuyo sistema político y económico responda con sentido común a las necesidades de los pueblos y regiones del país.

Una propuesta basada en el diálogo y debates representativos; una propuesta que dicte hacia dónde queremos llevar a nuestro país en los temas sociales, de educación, salud, de competitividad, en economía, en política exterior, en estabilidad social y política.

Es la hora de generar una propuesta real que represente las voluntades, que reconozca las diversidades, una propuesta real y sencilla con sentido común. Una propuesta que ofrezca rumbo y dirección.

Si es cierto que queremos un México demócrata, tendremos que actuar a la altura de sus exigencias y de la responsabilidad que el mismo sistema nos convoca. No podemos dejar que funcione solo y que sea dirigido, como hasta ahora, por unos pocos. Esto es causa, entre otras, de nuestros males.

De manera contraria, podríamos regresar a esquemas o sistemas que ya fueron probados y mostraron no haber sido la opción. Pero, si así lo quisieran los mexicanos, que así sea y entonces nos adaptaremos. Cada país elige su propio camino y como tal debiéremos aceptarlo.

Pero si este no es el caso, entonces no esperemos a que suceda de otro modo. Esta en nuestras manos. Tenemos que hacerlo y esta es la hora.

Omar Del Valle Colosio

Monday, July 04, 2005

Una opción para México

Por Erika Cervantes.

Sexenios van, sexenios vienen, y las promesas hechas por los políticos no encuentran realización en la vida diaria de los ciudadanos. Mientras los altos mandos están preocupados por contiendas partidistas y electorales, la sociedad sufre de graves carencias, injusticias y desigualdades. La clave, desde mi perspectiva, está en que nuestros gobiernos no han puesto el énfasis en el sector adecuado, que es la sociedad misma.

La base de México desde que surgió como país libre e independiente fue el liberalismo, que se define como la teoría y práctica de la limitación del poder. La nueva nación se comprometió a garantizar las libertades individuales mediante la Constitución. A lo largo de los años este liberalismo fue adaptándose al momento histórico, lo que dio origen a distintas formas de gobierno. Así fue que el país pasó por etapas de paternalismo, de populismo, y más recientemente, de un neoliberalismo a ultranza del que aún hoy se sienten sus efectos.

Pero ninguna de estas formas de gobierno ha podido suplir las necesidades de la sociedad. Los problemas siguen siendo los mismos, pero agravados. La pobreza, las desigualdades, la inseguridad y la delincuencia han ido en aumento y los gobernantes no encuentran la fórmula para acabar con tantos problemas sociales.

Si miramos hacia atrás, parte de la solución es presentada por John Rawls, un teórico liberal, catedrático de la Universidad de Harvard cuyo libro más conocido es “Una Teoría de la Justicia” (1971) y quien a lo largo de sus trabajos logró combinar dos corrientes de pensamiento que parecían inconciliables hasta ese momento: el socialismo con el liberalismo, creando así el liberalismo social, que es la base de lo que ahora se conoce como la Tercera Vía.

Se dice que el socialismo y el liberalismo parecían no tener puntos de conciliación porque el primero de ellos busca la igualdad a costa de las libertades, y el segundo busca exaltar las libertades a costa de la igualdad. En la práctica, el socialismo puso total énfasis en la sociedad y en la comunidad. El Estado se convirtió en un todo que absorbió las funciones de la economía y de la sociedad con la justificación de querer la igualdad de los ciudadanos. La consecuencia fue que se creó un Estado totalitario con injerencia tanto en la vida pública como en la vida privada de las personas. Por su parte, el liberalismo, con la filosofía del laissez faire, dejó en manos del mercado la vida política y social de las naciones, lo que provocó que las desigualdades en la distribución de la riqueza crecieran y la brecha entre ricos y pobre se hiciera más grande.

El gran logro de Rawls fue combinar ambas propuestas para lograr la más alta libertad con la más alta igualdad con justicia social un reto difícil ¿no?

Rawls expresa el deseo de crear una sociedad bien ordenada y guiada por dos principios de libertad. El primero dice que todos tenemos derecho de gozar de individualidad. Es decir, la más alta libertad individual compatible con la libertad de los demás. El segundo principio dice que todos tenemos derecho a disfrutar del producto de la cooperación social, es decir, a gozar de una justicia distributiva que genere igualdad.

El liberalismo social consiste entonces en tener un Estado cuya función sea la de garantizar la seguridad, la igualdad y el respeto de los derechos de sus ciudadanos, sin tener injerencia sobre la vida económica del país, que se deja en manos del mercado. El Estado existe para proteger a las personas de los abusos que se puedan generar de libre mercado, lo que implica una intervención directa en el momento en que se ponga en peligro el bienestar social. En resumen, se quiere una sociedad en donde conviva el libre mercado con la intervención del Estado a favor de los que menos tienen.

Es importante mencionar que la igualdad en Rawls no implica que todos sean iguales en cuanto a estratos sociales o a las posesiones que se tengan. Esta igualdad se refiere a que se tengan las mismas oportunidades para mejorar y para lograr un mayor bienestar. Igualdad en los derechos y en las libertades. Igualdad con justicia social en donde no haya discriminación por no tener lo que otros sí poseen. Igualdad en donde los que llegan más alto adquieran una mayor responsabilidad con los que menos tienen.

Parece utópico lograr una sociedad en la que el énfasis principal esté en la sociedad. Incluso Rawls fue duramente criticado en su momento por proponer un modelo idealista que no tenía cabida en la realidad. Sin embargo, en nuestros días se ha visto que este enfoque es el que se necesita para lograr mejores sociedades, en donde se dejen de lado los abusos del mercado y del Estado. Algunos países, de los más desarrollados, han logrado aplicar este modelo con grandes éxitos. Un ejemplo de ello es Inglaterra.

En México el reto es grande, pero no imposible. Estamos en el momento justo para empezar a sentar las bases del país que queremos tener. Y la responsabilidad recae ahora en la sociedad civil y no en el gobierno, pues ya se probó que éste únicamente ve por sus propios intereses y no por el bienestar general. Mientras la sociedad organizada no demande, no participe y no genere capital social, los gobiernos seguirán enfocados en sus asuntos. La sociedad debe exigir que las propuestas sean concretas y no dejarse impactar por las espectaculares y costosas campañas con que los candidatos bombardean al electorado.

El anhelo es que no pase otro sexenio ni más gobernantes que apliquen modelos de gobierno que dejen hundida a la sociedad mexicana. El liberalismo social puede ser la solución, puede ser una opción para nuestro México.


La autora es Lic. en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey y estudiante de la Maestría en Políticas Públicas en EGAP. Comentarios:
erikacervantes2003@hotmail.com

Wednesday, June 01, 2005

Cazando a la Democracia

Por Omar Del Valle.

Hablamos de democracia y pensamos tener la única verdad. Pero, como sugieren articulistas, editorialistas, cartonistas, etc., ¿Cuáles son los caminos a la democracia?, ¿Cómo se llega a ella?, ¿En qué etapa se encuentra México?, ¿Perdimos la oportunidad? Sin duda, no sólo para países como el nuestro, es una vía difícil, un conjunto de procesos sociales cuya complejidad aumenta cuando aún no aprendemos sus intenciones básicas en la organización de la sociedad. Por ello, en un paso anterior a tales cuestionamientos sucede la reflexión sobre qué es democracia.

Cientos de científicos sociales se dan la tarea diaria para postrar sus definiciones. No son substitutas, se complementan. Por lo abstracto de las relaciones sociales, en la evolución del hombre hacia su libertad –cualquiera que sea ésta su idea, la democracia por sí sola no define ni los caminos, ni los marcos teóricos y prácticos de cómo lograrlo. Lo cierto es que para los ojos y acciones de otros, en cada región y país del planeta, el sentimiento y la práctica de la democracia son muy distintos.

Pienso, como muchos más, en los determinantes de la democracia. La cultura, la historia, las diferencias económicas y sociales, los grupos de interés, las elites, las influencias externas, etc. Los factores de peso de cada determinante varían entre países y hacia dentro de cada país. En el norte, centro y sur de México, la idea de la democracia puede ser distinta.

Además, en estos últimos meses, y quizá debería decir desde el año 2000, la noción general de democracia se ha malogrado cómo lo fue, en su tiempo, la imagen de solidaridad. Por ello, nada me extraña que en las últimas cifras del Latinobarómetro, la mayoría de los latinos prefieran un gobierno distinto al “democrático”; y es que la creciente inequidad económica, la constante exclusión social, el escaso crecimiento económico y la debilidad en la aplicación del Estado de Derecho, han incitado un fastidio común hacia gobiernos que claman ser “democráticos”.

El uso y después mal uso de estos conceptos y prácticas se identifican como marca y no como producto. Es decir, que como en los mercados, en ocasiones la marca sustituye al producto y aquí es donde la noción de las cualidades de la primera se disipa. Si bien, algunas marcas son buenas, otras no lo son tanto, y el producto sufre de transformaciones de percepción pública. Lo que nos interesa es el producto, su calidad, su proceso de elaboración y certificación. Es así, que en democracia nos interesa la forma en qué ésta se construye, cuáles son sus medios y sus instrumentos. Nos preocupan los resultados, de no ser así, el teje y maneje del peje hubiese sido insignificante. Nos preocupa que la calidad del producto no sea buena. Lo significativo entonces es cómo formamos parte de una democracia procedimental donde los procesos son más fáciles de evaluar que los resultados mismos.

Aquí, en territorio azteca, cuando los instintos cívicos nos mueven a hacer más que a demostrar que somos buenos mexicanos, a demostrar nuestra capacidad de diálogo, a dar buenos esfuerzos y entrega diaria, nos llevan a formar parte de los procesos. Se hace frente a una voluntad que la democracia la hacemos todos y no sólo quienes dirigen instituciones y oficinas gubernamentales. Por ello, no podemos subestimar la capacidad de la acción cívica. Por ejemplo, la democracia en las familias, donde cada miembro puede expresarse libremente y la familia logra consensos, el impacto puede ser mucho mayor que las cuasi-intenciones de quienes dicen ser representantes del pueblo.

Los instintos cívicos nos hacen escribir, comunicar, reunirnos y dialogar, sumar esfuerzos, participar en sociedad; pero no sucede siempre. Esto último me lleva a la reflexión de que la democracia en México continúa como un bien público escaso. Pensemos en aquellos que conformaron las primeras sociedades humanas, cuando el concepto de organización comunitaria era muy simple. Ellos se reunían para cazar, digamos, un búfalo, y disfrutaban de una buena cena. La caza era organizada, paciente y en conjunto. Hoy día, la caza en México, bajo esta analogía, es cazar a la democracia. Pero hay una diferencia con respecto al búfalo.

El búfalo. Quienes participaban en la caza disfrutaban del banquete. Cuidadosamente y con detalle preparaban un plan y se lanzaban al ataque. Cada quien tenía su función. Cuando culminaban exitosamente, todo era un festín alrededor de las llamas tenues, entre cantos, danza. Todos reunidos en sociedad eran bendecidos por los dioses y en respuesta, ellos ofrecían y daban las gracias por la buena caza. Del mismo modo, quienes no participaban, como el holgazán, le tocaba pinole, si bien le iba.

La democracia. Nuestro añorado bien, por lo contrario, es un bien público. Todos la quieren y la desean disfrutar pero pocos participan en su caza. Como bien público la democracia no es exclusiva para un grupo social, y el hecho que uno la disfrute, no representa que alguien más no lo pueda hacer al mismo tiempo. Si usted, bendito y buen vecino, participa en su caza, no le extrañe que el de a lado le pida un cachito, aún cuando éste no haga nada más que echarle porras desde la banca, muy emocionado como si estuviera en el estadio Azteca, con su sombrero de pique, gritando chiqui ti bum a la bim bom bam.

Al igual que muchos bienes públicos, cuándo el gobierno es el centro y dueño de su provisión, el resultado no es necesariamente un equilibrio socialmente eficiente y por tanto provoca (entre otras cosas) que los agentes privados provean menos cantidad del bien en cuestión. Así, renunciar a nuestra tarea de provisión democrática y dejar que sólo sea tarea del gobierno proveerla, tampoco es lo óptimo.

La sociedad misma puede proveer el bien público y lograr un equilibrio eficiente a través de un enfoque “bottom-up”, es decir desde las bases, desde abajo, desde los niveles más locales. Para O’Donnell y Schmitter, la democracia es la aplicación de las reglas y procedimientos de la ciudadanía. Entonces, en el diseño de las buenas reglas y procedimientos podemos participar y formar parte de la consolidación democrática y del fortalecimiento de gobernabilidad, para que en “bola” cacemos a la democracia y nuestros hijos tengan su festín.

En los conceptos de la izquierda latinoamericana, la estructura política de la democracia –sobre todo en países de elevada centralización como México-, ésta se caracteriza de dos modos. La democracia participativa a niveles locales y la democracia representativa en la federación. Ambas se sostienen sobre tres pilares: los movimientos sociales, los partidos políticos y el gobierno.

México es muy diverso. La representación de cada uno de sus grupos es necesaria para la planeación nacional, el desarrollo de proyectos e iniciativas de ley que culminen en la efectividad gubernamental. Del mismo modo, la democracia participativa a niveles locales es más apremiante puesto que implica la relación y rendición de cuentas de los gobiernos hacia sus representantes directos.

A niveles locales podemos avanzar con la organización comunitaria, empujando la apertura de espacios, reclamando nuestros derechos cívicos y ejerciendo nuestras obligaciones de hacer que los “representantes” rindan cuentas, de tal modo que la misma democracia participativa nos permita hacer el diseño de las reglas de la democracia procedimental para asegurar productos de calidad, independientemente de la marca que lo produzca.

Si no hacemos la caza en conjunto, si no se fortalece la gobernabilidad local con la participación cívica, si no hacemos de los movimientos sociales un tercer pilar de donde se sostenga el progreso socioeconómico y político del país, si nos quedamos en las gradas del estadio cantando alegremente, si no nos involucramos en el diseño de las reglas, de los procedimientos, en los balances de poder, etc., seguro seguiremos tomando pinole, celebrando clientelismos, amando la parálisis política, gustando de inseguridad, seguiremos viendo cómo deshacen al país unos pocos, seguiremos distraídos de nuestra caza…

¿Seguiremos?

Comentarios al autor: ofd@georgetown.edu