Tuesday, July 18, 2006

El teatro de la política

Por Nizaleb Corzo Zepeda.

El escenario: México. La sociedad como su público, espera que se abra de nuevo el telón. El anhelado final de una larga representación trágica, con pequeños espacios de comicidad mantiene en vilo a la confundida concurrencia.

Así aparece la vida política de nuestro país, como una secuencia de performances en donde los únicos que se divierten son los actores. Como si la clase política hubiera olvidado su verdadero quehacer y haya optado mejor por dotarse de cualidades histriónicas que le permitan, como en los viejos teatros griegos, vestir la máscara adecuada al papel que cada actor recoge.

Sólo para recordar. ¿Qué pensarán hoy en día Juan Bañuelos y Oscar Oliva de Cuauhtémoc Cárdenas? Seis años atrás, ambos emprendieron con la fuerza de sus plumas una embestida terrible contra Eraclio Zepeda, entonces encargado del despacho de la secretaría general de gobierno del estado de Chiapas. Su tesis principal era el fraude a los principios de la democracia, por haber aceptado ese cargo de un gobierno priísta. Le costó un rato la imagen a Laco. Mientras Cárdenas aseguraba que no cabían los dos en el mismo partido, el escritor dejaba las filas de su partido. ¡Cuán corta es la memoria en nuestro país! Tintas menores se han utilizado para evaluar la decisión del líder moral del PRD, quien hace un mes recibió el encargo del presidente Fox de coordinar los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, cuando su partido lo necesitaba más que nunca para ganar la elección presidencial. De sabios, poetas, actores y otros, está llena la política en el mundo.

Ese partido, el de la Revolución Democrática, la coalición de la izquierda tribal que busca espacios desde la expulsión de Lombardo Toledano de la CTM en los cuarenta, que a partir de las elecciones de 1988 sobrevive y se unifica aún más por la herida que le causó la derrota obligada por parte del Sistema, recibió una nueva ofensiva. Pero esta vez parece que no hay otro culpable que sus propias decisiones. El argumento de su máximo candidato no convenció a toda la audiencia, sólo a un poco más de la tercera parte. Su antagonista tampoco puede cantar victoria, pero recibió más aplausos. ¿Se habrá captado el mensaje de Andrés Manuel en realidad?, ¿el bien de todos, era en realidad el bien de la mayoría?

Si la cosecha desborda lo esperado, habremos construido la gran fiesta de la democracia, decía Zepeda. Estoy seguro que las instituciones tomarán la decisión con justicia. Sancionarán una de las elecciones más analizadas por los votantes. Sin herramientas más que los descalificativos y las escasas propuestas –que tendían a la similitud al final-, el pueblo eligió por decisión propia. Si se capturaron erróneamente los votos en el PREP y probablemente de manera tendenciosa, si cambiaron la estrategia en la segunda contabilidad para dar mayor certidumbre al proceso, si revivieron los mapaches, los zapateros y los tamaleros… será el Trife quien tenga la última palabra. Y México tendrá un nuevo presidente.

Pero es el momento más adecuado para cambiar el escenario. Sus estructuras comienzan a desvencijarse y no precisamente de viejas. Las circunstancias lo ameritan. No volvamos a caer en el juego político de demócratas simulados. La democracia en México ya no es convencional, 60 por ciento del electorado la respalda. Los grandes académicos mencionan que la democracia se sostiene en un país cuando los resultados son aceptados por todos, cualquiera que éste haya sido. México no está perdido, la transición democrática continúa. Es vital reforzar la seguridad en el proceso, es cierto. Pero no por ello hay que descalificarlo.

Cada equipo sabe qué falló. En mi opinión, el PRD no logró consolidar un equipo al final, confió en las redes, cuando éstas sólo eran espectadores, no querían un papel secundario, sino disfrutar de la función. Y el PAN, hasta donde se conoce hoy, ganó. Aunque por poco y ello le obliga también a plantearse nuevos horizontes para el fortalecimiento de la gobernabilidad.

El proceso democrático es mucho más que una representación teatral. Ahora que los votantes han puesto de su parte y le han dado el peso necesario a su decisión, es fundamental que la clase política se coloque en un siguiente nivel, con propuestas, con debates serios, con contenido. Por su parte, las instituciones tendrán que crear los recursos suficientes para legitimar los procesos y evitar que se generen espacios de incertidumbre como el que ahora vivimos, que dañan a la sociedad y abren la puerta a la inestabilidad.

El autor es financiero y Maestro en Políticas Públicas por el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México; actualmente trabaja en aspectos sociales de Petróleos Mexicanos. Comentarios: ncorzozepeda@yahoo.com.mx

1 comment:

Anonymous said...

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