Wednesday, June 28, 2006

¿Populismo o democracia?

Por Samantha Lach y Ernesto Castañeda.

Aunque aún queda un largo camino por recorrer, la democracia en México se encuentra en franco proceso de consolidación. A escasos días de la elección, el resultado es todavía incierto. Una campaña presidencial cada vez más reñida es síntoma de una democracia más profunda, cuyo resultado dependerá en verdad de quienes acudan a las urnas. Y en contraste con la elección pasada, es posible que en este caso la mayoría vote por la propuesta que le resulte más atractiva en relación a lo que espera de su gobernante y no únicamente como un instrumento para sacar al PRI de Los Pinos, cuando este “cambio” significó un cambio de partido y no una mejoría en la vida del mexicano promedio.

Todos concuerdan con que Andrés Manuel López Obrador del PRD se ha posicionado como el candidato de los pobres. Esto le resulta favorable a su candidatura ya que en México 40 por ciento de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, mientras que 20 por ciento vive en condiciones de pobreza extrema (INEGI 2004; Banco Mundial 2006). Bajo un escenario donde más de la mitad de los mexicanos se consideran pobres, el candidato con el cual se identifique esta población contará con una alta posibilidad de ser electo. Sí la mayoría decide de acuerdo a sus necesidades objetivas el resultado congruente es que aquel candidato apoyado por los pobres resulte vencedor, y un sistema donde las mayorías eligen se llama democracia.

De ahí la preocupación de los grupos privilegiados por AMLO. Dicho sector, por definición elitista, prefiere ver en el poder a alguien con quien pueda negociar, o aún mejor, a alguien que comparta su misma ideología, intereses, y preferencias, por lo que Felipe Calderón, el candidato de Acción Nacional, resulta idóneo. El mayor miedo de las élites es que llegue a la Presidencia alguien con una ideología distinta y una retórica incluyente, apoyado por las masas. Los gobiernos anteriores excluyeron sistemáticamente a la mayoría, ya sea por acción o por omisión. A pesar de hablar el lenguaje de los pobres en tiempos de campaña y en discursos oficiales, ni el PRI ni Fox pudieron mostrar avances sustanciales en materia de desigualdad y pobreza, aunque cabe mencionar que su doble discurso hizo maravillas por décadas para estabilizar a las masas, manteniéndolas al margen. Hoy, los grupos en el poder tienen miedo de perder este control.

La polarización que estamos viendo en México, más que una lucha ideológica entre derecha e izquierda, -donde de acuerdo con la teoría de la ciencia política, el PRI tendría la ventaja por estar en el centro- es una competencia entre los grupos a los que va servir el poder. La polarización actual no es sino el reflejo de la profunda desigualdad de la sociedad mexicana, donde la mayoría ha sido excluida políticamente por siglos. Esta elección se ha convertido en una de las primeras oportunidades en la que los desposeídos puedan ser representados en un sistema democrático.

Pero a la élite no le gusta la democracia cuando ésta no favorece sus intereses por encima de los de la mayoría, tildándola despectivamente de “populismo” y de un peligro para la estabilidad del país. Siguiendo el modelo americano, la campaña de Calderón pasó de las propuestas a los ataques. Dicho giro aunque efectivo, como demostraron las encuestas, está lejos del ideal de una esfera pública racional donde las mejores ideas y propuestas de gobierno son el punto de debate en una campaña política. El equipo de Calderón ha dirigido una “campaña del miedo” en contra de López Obrador, comparándolo con el presidente venezolano Hugo Chávez y calificando a AMLO como un “peligro para México.” Esta creación de incertidumbre evoca los ataques en contra de Cuauhtémoc Cárdenas en la elección de 1988 y el voto del miedo durante la elección de 1994 después del levantamiento neo-Zapatista y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu; en ambos casos dicha estrategia probó ser efectiva en prolongar la estancia del PRI en el poder.

La comparación de López Obrador con Chávez y Evo Morales es una estrategia de campaña que puede que convenza a algunos electores y polarice a otros, sin embargo, estos argumentos no pueden ser tomados en serio por diferentes razones, entre ellas: AMLO no es ni militar ni líder indígena; no va a romper relaciones con Estados Unidos; no tiene petróleo que nacionalizar debido a que en México los ingresos por este recurso ya van al erario público; no es un personaje falto de experiencia política y de gobierno, sino al contrario, fue presidente del PRD a nivel estatal y nacional, además de ser jefe de gobierno de la metrópoli mas grande del continente durante los últimos cinco años. Su gobierno en la Ciudad de México no significó el fin del DF, sino por el contrario, hubo un cambio observable conforme el gasto publico se vio reflejado en inversión en infraestructura, educación, pensiones y empleo.

Los ataques también se han enfocado en generar la creencia irracional de que al ganar AMLO, tanto la inversión extranjera como domestica se iría del país. Pero independientemente de quien gane la carrera presidencial, la inversión extranjera continuará presente en nuestro país, porque en México las transnacionales hacen muy buen negocio. Sólo por citar un ejemplo, Citigroup, uno de los grupos financieros más grandes del mundo, recoge más del 10 por ciento de su ingreso global en México por lo que difícilmente dejará el mercado nacional, independientemente del resultado electoral.[1] Por otra parte, el que AMLO incluya a quienes han sido olvidados en México no significa que vaya a excluir a empresarios, comerciantes, inversionistas, banqueros ni al resto de la iniciativa privada nacional, como sus detractores pretenden hacer creer. Muchos inversionistas y empresarios, empezando por Carlos Slim lo saben. México representa un gran mercado y eso es lo que realmente le importa al empresariado serio. Más importantemente, AMLO, como el Presidente brasileño Lula y como lo demostró él mismo en el DF, sabe que no puede tener éxito sin el apoyo de los grandes capitales y del sector empresarial.

Otros temen que López Obrador lleve a cabo políticas que disminuyan la desigualdad en la distribución del ingreso en México. Esto incluiría una intervención dirigida del gobierno por medio de programas sociales que logren un efecto redistributivo como se han llevado a cabo en los países del norte de Europa. Asimismo, se teme una intervención gubernamental más activa en la economía, pero una política industrial más dirigida, como aquella de Corea del Sur y otros países asiáticos a través de alianzas público-privadas, podría impactar positivamente el crecimiento interno bruto y generar empleo. Que la mayoría se beneficie de un crecimiento más dinámico y de una distribución más justa de los frutos de este crecimiento no significa una crisis fiscal, ni un retorno al pasado en materia económica, ni la ruina del país. La crítica central a un populista es que da asistencia social, aumentando el déficit público, en gasto de gobierno de corto plazo. Pero ni AMLO, ni sus asesores económicos están peleados con mantener los indicadores macroeconómicos estables y las finanzas públicas sanas, mientras que sus posturas en gasto público enfocadas en infraestructura, programas sociales y educación son la mejor inversión para un crecimiento sostenible en el largo plazo.

A pesar de la retórica sobre un giro a la izquierda radical en Latinoamérica, lo cierto es que gran parte de las políticas públicas y macroeconómicas de López Obrador y de su equipo tienen una fuerte influencia neoliberal mientras que muchos de los programas propuestos por Calderón y Madrazo podrían ser catalogados de “populistas.” Al respecto, resulta interesante notar como ciertos términos de las ciencias sociales norteamericana han influido en el debate a modo que el término populista se considera hoy como un descalificativo mortal. Sin embargo, ¿qué significa ser populista? El populismo es un concepto maleable, utilizado para describir a un amplio abanico de figuras, de ambos lados del espectro político. Sirve para identificar a líderes de izquierda como Lula, a personajes autoritarios de derecha, como Alberto Fujimori de Perú, así como a aquellos líderes radicales y carismáticos como Chávez. La etiqueta es despectiva cuando representa demagogia, pan y circo, sin embargo si el populismo se refiere a la atención real de los intereses y preocupaciones del pópulo, es decir de las mayorías, entonces el populismo se asemeja a la verdadera democracia.

Independientemente de quien resulte vencedor los indicadores macroeconómicos seguirán estables en el largo plazo. Pero el modelo de desarrollo actual no ha sido conducido para llevar a un crecimiento sostenible que beneficie a todos los mexicanos. Crear mecanismos nuevos que se atrevan a ir más allá de los dogmas neoliberales para recoger los frutos del mundo globalizado como han hecho otras naciones, sólo pude ser benéfico para México y los mexicanos. Esto lo saben tanto académicos e intelectuales como hombres de negocios, que entienden que AMLO representará grandes oportunidades para hacer negocio, incentivando el sector privado al proteger y ayudar a los productores nacionales sobre intereses extranjeros, sin que esto signifique tener que privatizar recursos nacionales, expulsar a la inversión extrajera directa o cerrar las aduanas. AMLO como presidente invertiría en infraestructura y programas sociales que incrementarían el poder adquisitivo de la mayoría de la población, ampliando el mercado doméstico; esto representaría más riqueza para la población en general y mayores oportunidades para nuevos empresarios. Si las pasiones electorales se aquietan y López Obrador resultara vencedor se podría regresar a un sistema de cooperación inter-sectorial y a un crecimiento nacional más dinámico y sostenido para todos.

Esta es una oportunidad para que, continuando lo logrado en materia macroeconómica en los últimos años, se reparta más equitativamente la riqueza, para que las nuevas inversiones beneficien no sólo a unos cuantos; para que el país crezca de acuerdo a su potencial, invirtiendo en educación en vez de apostarle a la exportación de mano de obra barata como se ha venido haciendo desde el Salinismo. En suma, esta es una oportunidad para que el gobierno responda a las necesidades de la mayoría que lo eligió y no solo a los intereses de las clases privilegiadas, como históricamente ha sucedido. Esta es una difícil tarea pero por algo hay que comenzar.

El miedo a AMLO es un miedo infundado. López Obrador no es ningún santo ni un Mesías sino un político hábil y ambicioso. AMLO, como cualquiera de los que puedan resultar electos, adoptará algunas políticas públicas que resulten contraproducentes, hará declaraciones desafortunadas y será continuo blanco del ataque de los medios como lo fue Fox y lo sería cualquier presidente. Mientras tanto la vida cotidiana de los mexicanos seguirá su curso. Sin embargo, aunque la pobreza, la desigualdad y el desempleo no desaparecerán como por arte de magia, -puesto que los cambios positivos a programas sociales y políticas publicas tardan años en producir efectos- si el gobierno de AMLO logra una disminución efectiva de la inequidad y la pobreza, esto se reflejará indudablemente en una reducción en la migración, el crimen, y el desempleo y por ende en un mejor México para todos. La democracia en México se esta consolidando, como lo demuestra que más de un candidato hable sobre un gobierno más incluyente y preocupado por las necesidades de los mexicanos trabajando aquí y en el exterior. Esperemos que la democracia el próximo 2 de julio lleve a aquel candidato que mejor refleje la voluntad de la mayoría a la presidencia y que éste tenga la habilidad de gobernar generando el cambio para los que más lo necesitan.


Samantha Lach (sl2518@columbia.edu) es candidata a la Maestría en Relaciones Internacionales y Desarrollo Económico. Ernesto Castañeda (ec2183@columbia.edu) es candidato al Doctorado en Sociología. Ambos estudian en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York.


[1] Como comparación, Japón solamente representa el 6% de los ingresos para este grupo a nivel mundial.
De acuerdo a los estados financieros auditados del año 2005 (10k)
http://www.citigroup.com/citigroup/fin/sec.htm

1 comment:

Anonymous said...

Por una Democracia Participativa contra la Corrupción

En los últimos años hemos podido observar la corrupción más documentada del mundo (videos, audios, contratos, y otros documentos) de personas que fueron parte de la corrupción de los delitos económicos, políticos y otros; en el régimen fujimorista y el gobierno de Toledo. Donde somos testigos que existe una cultura de corrupción institucionalizada por parte de los viejos políticos, élite que se alternan en el poder para gobernarnos.
Por lo visto frente a la corrupción no existe voluntad política y es lamentable como se da el trato preferencial a favor de los delincuentes políticos; con muchos de ellos el Poder Judicial es condescendiente al emitir resoluciones judiciales otorgándoles mandato de comparecencia o arresto domiciliario en los proceso penales aperturados. Aún dándose los presupuestos para ser encarcelados, no se encuentran estos en la cárcel: donde hay pruebas contundentes que muestran la culpabilidad dolosa de los procesados, la sanción a imponerse es mayor a cuatro años, el imputado intenta eludir y perturbar la actividad probatoria son razones por la cual el juez debería de dar mandato de detención a muchas personas en los diferentes proceso de corrupción en el aparato estatal.
Es repugnable que las personas pertenecientes a la élite económica y política se atribuyan que ellos no cometen delitos sino solo “pecan” como dijo Luis Bedoya Reyes refiriéndose a su hijo quien habia recibido dinero mal habido.
Se ha venido apreciando la garantía de impunidad no solo en los procesos de corrupción sino también en los crímenes de lesa humanidad que sufrimos las últimas dos décadas en nuestro país por parte de los partidos políticos comprometidos, fuerzas armadas y la extrema derecha; estos malos jueces que salen en defensa de la mafia y de los criminales del Estado, inclusive han venido aplicando normas de carácter procesal y de ejecución penal con retroactividad y poniéndolos en libertad.
Todos los que se encuentra detenidos, están porque son muy evidentes donde la mayoría se acogen a la confesión sincera y colaboración eficaz para lograr menos pena punitiva; esperan también salir pronto con la redención de la pena (es decir para el computo de la pena un día de privación de libertad por cada dos días de trabajo o estudio para los delitos de corrupción y otros, conocidos por el 2x1) y/o cumpliendo las ¾ partes de la sanción penal para lograr su libertad, en otras palabras la pena será benigna y nuevamente saldrán a delinquir.
Cuanta injusticia y desproporcional son las normas penales en cuanto los delitos de corrupción y delitos comunes; en el primero afecta a toda la población siendo considerado delito de masa (Hecho de notoria gravedad que perjudica a una generalidad de personas) que debería ser una agravante, aún con mayor razón a las autoridades que fueron elegidas por el pueblo e ingresaron a los gobiernos locales, regionales y central con el respaldo popular traicionando a sus expectativas.
Sin embargo la justicia es drástica para los pobres y los menos favorecidos económicamente, cuando por hambre no les queda otra opción que hurtar o robar para satisfacer las necesidades de su familia y subsistir; quienes además de pagar su deuda con la sociedad pagando largas condenas resultan siendo estigmatizados, padeciendo no solamente por el desprestigio social sino la imposibilidad de conseguir un puesto de trabajo por tener antecedentes penales. Pues el Estado y la economía de mercado no garantizan puestos de trabajo y oportunidades a la población que les permitan el real ejercicio de sus libertades y lograr su desarrollo, cerrando las brechas económicas.
Mientras los “grandes políticos” que se favorecen por la Democracia Representativa emiten normas que benefician a sus empresas, a las transnacionales y a sus familias que gobernaron y gobiernan alternadamente como Belaunde, Castillo, Diez Canseco, Villaran, Quijandría, Bedoya, Tudela, Towsend, Bruce, Solari, entre otros (muchas de ellas familias entre si) legislando a favor de los grupos de poder económico quienes financian las campañas electorales estas familias son: Romero, Benavides de la Quintana, Brescia, Ferreyros, Graña y Montero, Belmont – Anderson, Rodríguez – Pastor, Miro Quesada, Wong, entre otros.
Las familias de poder económico tienen representantes en el Poder Ejecutivo y el Congreso de la República. También por ser grandes anunciantes, tienen una influencia en los medios de comunicación que es la piedra angular para perpetuarse en el poder. Estos no se encuentran expuestos públicamente guardan el perfil bajo, para eso tienen a su “títeres políticos” que responden a sus intereses.
La Democracia Representativa no ha funcionado en toda la época republicana del Perú, solo ha demostrado: corrupción, toma de decisiones personales sin rendir cuenta al ciudadano, solo garantiza democracia electoral donde cambian periódicamente de gobernantes, es la manera sutil de robarle el poder al pueblo en el gobierno, ignoran el poder popular que los llevó al poder, imposición de la clase gobernante, la gobernabilidad para ellos supone exclusión, son castas que se aferran al poder por décadas, pérdida de calidad de vida en los sectores populares (en alimentación, salud y educación), gobiernan sobre la base de la injusticia y la impunidad, creen que las críticas y las protestas se sofocan declarando un Estado de Emergencia para posponer todo reclamo, obedecen al poder hegemónico económico y político.
Para hacer una de nuestras propuestas en la lucha contra la corrupción y ejercer ciudadanía, me permitiré desarrollar una pequeña fórmula y desarrollar brevemente un par de conceptos para culminar con el nuevo tipo de democracia que anhelamos y estamos empeñados en forjarla.

La Teoría Democrática divide en Democracia Procedimental y Democracia Sustantiva. La Democracia Procedimental, define la democracia como un sistema de gobierno que se evalúa según el apego a procedimientos centrados en elecciones competitivas, se denomina también democracia minimalista, procedimental, electoral, elitista o política. La Democracia Sustantiva, quienes evalúan no solo los procedimientos sino también los resultados por su capacidad como régimen político para producir un mayor bienestar en la población, es el resultado de condiciones propicias en lo económico, social y cultural; llamada también democracia social, sustancial o cultural.
Norberto Bobbio hablaba sobre una democracia perfecta que debería ser al mismo tiempo formal y sustancial que implica un proceso de democratización, la reducción de las desigualdades económicas y sociales que constituyen un condicionante del ejercicio de los derechos políticos.
Rousseau expresa en el Contrato Social la defensa de la democracia directa, manifestaba que la soberanía no puede ser representada por la misma razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general y la voluntad no se representa.
En ese sentido proponemos además de la democracia procedimental y sustantiva una tercera democracia que tiene diferentes denominaciones: democracia directa, democracia participativa, democracia de ciudadanos y ciudadanas, democracia fuerte y unitaria, democracia desde abajo, democracia sin violencia estructural, democracia absoluta, democracia verdadera; que va a llevar a implementarse la democracia sustantiva; esta define por la directa, como el ejercicio de soberanía del pueblo y así pasar de un Estado de Derecho al Estado Social de Derecho. En esta tercera democracia que nos garantiza plena capacidad de decisión sobre nuestras vidas, aquella participación que ejercemos sin pedir permiso, donde el ciudadano aprende a ejercer como gobernante y los gobernantes ejercitan el poder mandando - obedeciendo. Así ejercitan en forma efectiva y directa la soberanía popular que concretan formalmente el Poder Constituyente Popular; estamos hablando de democracia directa: el referéndum vinculante, iniciativas populares (legislativas, abrogativas, de revocación, de ratificación); se habla de sistemas electorales justos, proporcionales y nominales, de elecciones primarias; hablamos de procedimientos de autogestión como los presupuestos participativos, de economía participativa; hablamos especialmente de libertades que garantizan la supremacía y dinámica del Poder Constituyente Popular como son la iniciativa popular a la enmienda constitucional, al inicio de procesos constituyente.
Porque no hay una democracia autentica sin la participación real de la ciudadanía, la democracia supone cuestionar los modelos “democráticos” basados en la neutralidad del liberalismo, democracia restringida, desempleo.
Todos los conceptos de la verdadera democracia que habla de transformaciones pendientes y urgente del sistema político, económico y cultural vigente, transformaciones que los movimientos sociales están convergiendo en su sendas de identidad.
Como podemos apreciar, existe la posibilidad de un poderoso movimiento social fuerte en América del Sur hacia la democratización y la solidaridad, pues la radicalización democrática solo puede ser producto de un movimiento social como en Bolivia, Ecuador con sus organizaciones de campesinos, indígenas y trabajadores mineros que están empoderados.
En esta lucha se revierten las formas de construcción y las perspectivas políticas del movimiento social. Se trata de que estos procesos de politización de lo social y la socialización de la política.
Así mismo nuestra propuesta y la de muchas organizaciones sociales que va creciendo y es posible que encontremos puntos comunes siempre que estemos de acuerdo en conseguir mayor control de gobierno, así como de las grandes empresas nacionales y trasnacionales con mayor participación de ciudadanos y ciudadanas.
Quisiera culminar con algunos fragmentos que es parte de obra la “Política” de Aristóteles: “…Los desordenes de los demágogos originan las revoluciones en las democracias…la revolución en la aristocracia se produce, en primer lugar, cuando las funciones públicas son patrimonio de una minoría, muy reducida….”.
Aristóteles hacia una crítica a esa democracia y es lo mismo que nos sucede en toda la “democracia” en el Perú, en el gobierno que se encuentra en pocas manos y alternados entre la élite oligarquica. La sociedad civil es ajena a la toma de decisiones mostrando una falta de verdadera apertura de espacios de Democracia Participativa donde sus acuerdos tengan carácter resolutivo es decir decisión en las políticas públicas, solo así haremos verdaderos ciudadanos y ciudadanas comprometidos con su patria.
Un mundo mejor es posible, un Perú mejor también es posible solo si comenzamos a tener una cuota de poder para gobernarnos como pueblo, los más necesitados, porque los otros ya tienen todo el poder por ahora.
Por: Abog. César Atienza Villavicencio Atienza
Secretario de Juventud de la CUT – Región Junin
Coordinador General de la Alianza Humanista de Abogados
Secretario General y Fundador de la Alianza Humanista Juvenil - AHuJ
Asesor Legal de la Federaciòn de Estudiantes del Perù - FEP
Av. Ferrocarril 766 – Huancayo
Tel.: 064–213493 Cel. : 064–9314585
Emails: alianzahumanista@yahoo.es
atienza_ddhh@yahoo.com