Tuesday, February 07, 2006

Visión de un Mexicano

Pobreza y Felicidad

Por Samuel Peña Guzmán.


Un sinnúmero de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales realizan continuamente estudios sobre la pobreza, incluyendo naturalmente estadísticas y lo que éstas representan. Si una persona observa con detenimiento, la mayoría de los análisis, así como los programas gubernamentales de combate a la pobreza, arrojan números que se han convertido en “piedras medulares” de fuertes polémicas, ya que de ahí se generan valuaciones de los sistemas administrativos, gestiones de gobierno, formulación e implementación de políticas publicas, así como la obtención de mecanismos de erogación de dinero destinados al combate a la pobreza. Esto, amén de mencionar que también han servido para la promoción y, en algunos casos, ascenso de los actores políticos. Sin embargo, resultaría interesante observar la relación de la felicidad de los actores de la pobreza, con aquellos que lo son. La felicidad obviamente no está reflejada en los estudios. Los intereses económicos son el objetivo principal de éstos, y no la felicidad y/o el bienestar de las personas, como en teoría debiera ser.

Aunado a ello, existen fuertes intereses económicos detrás de estos estudios. Es decir, la cuantificación de los pobres trae consigo consecuencias que impactan en los ya mencionados intereses económicos al momento de establecer su incremento. Esto a su vez favorece el aumento de los recursos económicos para ciertas regiones y se desaprueba la actuación de órganos en su gran mayoría públicos. Este tipo de consecuencias, por ende, explicarían que una eventual disminución de las cifras pudiera, por un lado, dar un impacto político favorable para ciertos actores, pero a su vez generar una reducción en las acciones destinadas a esta problemática.

Existen distintas teorías para establecer quiénes viven en la pobreza y quiénes no. Las teorías económicas de los estudiosos de este fenómeno determinan un concepto basado en el materialismo puro. Ellas definen una carencia determinada de bienes para satisfacer las necesidades básicas.

Por otro lado, se cuenta con teorías vinculadas a la subjetividad que son difíciles de cuantificar. Un ejemplo es el hecho de sostener que no son los bienes los que proporcionan el bienestar a las personas y los entes colectivos, sino la posibilidad u oportunidad para obtener una realización de índole personal o individual. Esto quiere decir que la pobreza está más ligada a la libertad e igualdad que a la cantidad o valor equitativo y cuantitativo de los bienes materiales que produzcan o satisfagan una necesidad.

Ambas teorías traen una lección importante: La pobreza es un estado psíquico. Es decir, el bienestar no se encuentra precisamente en las cosas, sino en el individuo –per se-. Es por eso que se establece que existen personas que son pobres pero llenas de felicidad, y otras que no tienen la “dicha” de ser felices y que no cuentan con los bienes materiales (teoría económica) que les produzcan una satisfacción a su persona. Cuestión de enfoques como diría un profesor que tuve hace tiempo.

Hay quienes opinan que la felicidad depende de las cosas materiales incluyendo el dinero. Sin embargo, esto nos lleva a pensar que todo depende del valor que le demos al bien per se. Hay personas a las que una simple muestra de afecto les produce cierta felicidad. Para otras, la felicidad puede estar representada por una joya, un automóvil o cualquier otro bien material. El común denominador aquí es que en el primer caso, la persona puede obtener la felicidad de una manera más fácil, a través de una muestra de afecto común. En el segundo caso, es más difícil para la persona obtener determinados bienes y quizás, aún así, esto no le represente la felicidad. Hace tiempo leí un libro que escribió el antiguo ex director de Petróleos Mexicanos durante el sexenio lopezportillista, Jorge Díaz Serrano, en el que se aborda, entre otras cosas, el cuestionamiento de la fortuna que posee. Se me quedaron muy grabadas unas palabras que el autor mencionó independientemente de los cuestionamientos y la capacidad económica que posee: “Soy muy rico porque necesito muy poco para vivir”.

Quizás pueda estar equivocado, pero estoy convencido que el ejemplo que nos proporciona la experiencia del ingeniero Díaz Serrano, es una muestra clara de lo que para él representa la felicidad tras tener la oportunidad de vivir en una condición económica desahogada y tener la satisfacción de ser libre después de haber permanecido en la cárcel por un periodo de tiempo. Para él, la libertad que muchos gozamos mientras se encontraba en la cárcel, hoy en día representa un valor y, a su vez, una felicidad inigualable a ningún otra. Existen muchas personas que de acuerdo a la teoría económica de la felicidad pudieran estar disfrutando de ella, sin embargo no lo es así...

Definitivamente, para calificar la pobreza que cada persona tiene sería necesario no sólo cuestionarla sino observar el entorno que la rodea. En la mayoría de los países subdesarrollados, considerados pobres de acuerdo a diferentes estudios, así como también en los que están en vías de desarrollo como el nuestro, las masas colectivas han logrado su felicidad en medio de carencias y miserias. La razón es muy sencilla: La felicidad les cuesta muy poco en comparación con los países considerados ricos; quizás en éstos la felicidad no sea tan abundante. Estas lecciones me recuerdan un comentario que me dijo mi madre hace tiempo: “El dinero no lo es todo en la vida, sin embargo todos aspiramos a tenerlo en abundancia”. Otra más de las paradojas de la vida, ¿no creen?



El autor es Licenciado en Derecho por el Tecnológico de Monterrey con Maestría en Derecho Internacional (LLM) por la American University y Maestría en Administración Pública (MPA) por la George Washington University. Actualmente es Coordinador de Inversión Extranjera del Estado de Nuevo León y catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Las opiniones expresadas son de carácter estrictamente personal y no deberán entenderse que representan las de las instituciones con las que el autor se encuentra vinculado. Comentarios:
samuel.pena@mexicoglobal.com

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