Friday, February 17, 2006

Gaceta Jurídica del Ciudadano

De lo perdido lo que aparezca

Por Javier Oroz Coppel.


Reflexionando sobre las virtudes del tiempo, muchas veces sólo podemos pensar que nos deja recuerdos y arrugas. Más allá de esto, jurídicamente hablando, el tiempo nos brinda la oportunidad de cambiar de estatus jurídico con el sólo hecho de que éste transcurra.

El pilar de nuestro derecho privado, acorde con el sistema legal que nos recetaron y con el cual nos tocó lidiar, es efectivamente el derecho a la propiedad privada. Así, si contamos con el estatus de propietario estaremos gozando de una de las magníficas instituciones del derecho privado. En caso contrario, no se preocupe. Aquí le contaremos cómo acceder a ella.

De acuerdo a la ley, el poder físico o de hecho que se ejerce en forma directa y exclusiva sobre una cosa corporal para su aprovechamiento total o parcial, o para su custodia, se le conoce en forma genérica como posesión. Por medio de ella, una persona puede disfrutar, usar y disponer del bien, tal y como lo haría quien es propietario del mismo.

Por otra parte, la normatividad civil contempla la figura de la prescripción como un medio para adquirir bienes o perderlos, en su caso, por el sólo transcurso del tiempo. El poseedor a título de dueño de un bien inmueble, que lo haga en forma pacifica, continua, cierta y pública, con el paso de los años podrá adquirir el carácter de dueño del inmueble. Para esto, el poseedor tendrá que demandar a quien aparezca como propietario del bien ante el Registro Público de la Propiedad, y acreditar en el juicio que cuando entró a poseer el bien inmueble lo hizo sin saber que su título (o excusa más bien) adolecía de defectos. Hasta allí la explicación jurídica, antes de que prescriba su interés en este artículo.

Supongamos que perenganito de muy buena fe le compra a fulanito un bien inmueble, desconociendo que fulanito no era propietario de dicho bien y que para no arruinar la sorpresa, tampoco celebran ningún contrato escrito. Así las cosas, nuestro amigo perenganito sin mediar violencia, se introduce en el bien inmueble y empieza a ejercer actos posesorios como lo haría cualquier dueño, siendo lo anterior del conocimiento de los vecinos y allegados al lugar, para quienes no es un secreto que el nuevo en el vecindario, aparentemente es el dueño del inmueble. Así pasan tantos años, como aquellos que señala el artículo 1323 del Código Civil para el Estado de Sonora (cinco cuando se es poseedor de buena fe y diez cuando se es de mala fe), y a perenganito le entra la urgencia por tener sus escrituras. Así, éste se dirige al Registro Público de la Propiedad y del Comercio, y encuentra que, conforme a los libros regístrales, aparece menganito como su propietario. Como perenganito, ya tiene el término de ley (dependiendo del caso) poseyendo el inmueble en carácter de dueño, esto es con el animus dominis, en forma tal que no hubo violencia al adquirir la posesión; que ésta no fue interrumpida sino que, por el contrario, fue dándose en forma reiterada demostrando siempre el deseo de ejercerla constantemente; que además no fue clandestina sino que más bien fue pública a la vista de todo el mundo y en especial de todo aquel que pudo haber tenido interés en interrumpir la prescripción; y que cuenta con la completa seguridad de que se ha estado poseyendo en concepto de dueño. Entonces allí nuestro afortunado y ético perenganito, decide emprender juicio ordinario civil en ejercicio de la acción de usucapión, demandando al “legitimo” propietario, que el tiempo y nuestra figura jurídica de la prescripción les ha otorgado a cada cual, una noticia positiva y al otro una negativa. Al poseedor le ha operado la prescripción positiva o adquisitiva y al propietario demandado, le habrá corrido en su contra la prescripción negativa.

El resultado de este litigio, es tan ficticio como el ejemplo que hemos manejado, pues dependerá de lo bien que sean planteadas las posturas y ofrecidas las pruebas, e incluso hasta de quién corre con más suerte (así es como resuelven muchos de nuestros Juzgadores).



Javier Oroz Coppel, es abogado por la Universidad La Salle Noroeste. Comentarios: javieroroz@gmail.com

No comments: