Por Omar del Valle Colosio.
Tal como fue previsto en las encuestas, Michelle Bachelet resultó electa en la segunda vuelta electoral presidencial en Chile. Una vez más, el país sudamericano del buen vino, muestra cómo su apertura democrática y dinámica social lo sitúan en una etapa de madurez política, en la cual, las demandas sociales y las fuerzas del mercado, producen un estado social-demócrata a la altura de las exigencias que le impone la vida nacional y la competencia económica internacional.
Algo que llama la atención es que Bachelet no sólo confirmó su tendencia ideológica de izquierda, sino que también se considera una persona agnóstica. No juzgo sus preferencias religiosas, mas es interesante que ella, al igual que otros ideólogos de izquierda, se pronuncien agnósticos. No es mi intención realizar una crítica comparada de la religión y sus efectos en las teorías de desarrollo con las cuales explicar el fenómeno de pobreza e injusticia; sin embargo, sí es ofrecer un análisis de cómo el entendimiento y razonamiento individual es influenciado por creencias religiosas o sociales y que, finalmente, culminan en acciones diferentes para un mismo fin.
En la ideología política, los conservadores o republicanos, conocidos como derechistas, son clasificados como creyentes y se piensa envisten su profesión con los principios y valores que sus creencias religiosas les indican. Los motivos son sencillos. Una conclusión del libro de Norberto Bobbio, Derecha o Izquierda, es que los derechistas suponen que los problemas de inequidad, pobreza, injusticia, etc., son causa de las diferencias naturales, es decir, se debe a los dones y capacidades propias de cada individuo; mientras tanto, los seguidores de la izquierda alegan que dichos problemas son causa de las diferencias sociales.
Si las diferencias sociales, si las adversidades de los menos favorecidos son abatidas por ideologías de izquierda, ¿qué papel juega la creencia religiosa de los derechistas en hacer una lucha por los menos favorecidos? Ahora, ser o simpatizar con la izquierda comulga con las ideas de equidad social, y para quienes creen en un Dios, éste ha hecho a los hombres iguales. Por tanto, una lucha de clases sociales desde la izquierda y que busca la equidad del hombre podría tener de fondo algún credo religioso. Desde otra arista, el análisis dicta: si son las diferencias naturales la causa de inequidad, etc., es complicado observar que existan movimientos derechistas a favor de los pobres, pues Dios, creador de todo, ha elegido un destino para cada individuo.
En política, Dios no debiere jugar ningún papel y en sociedad, la pobreza no puede ser destino[i] -quizá la normatividad de este enunciado viva y goce de gracia divina en la ideología Morista; pero el positivismo muestra lo contrario. El problema ideológico inicia cuando se involucran la política, las creencias personales y la vida nacional. En la lucha por una sociedad equitativa, los individuos son los principales partícipes de la transformación social.
Lo que mueve a los individuos es otra instancia en discusión. ¿Es acaso una creencia religiosa que los hombres son iguales entre sí, o bien, es una imposición de clases? De acuerdo al Manifiesto Comunista de Marx, el individuo, en una sociedad, cuenta principalmente por su participación en la clase, porque sus ideas –sus convicciones morales, sus preferencias estéticas e inclusive el tipo de razonamiento que le parece más convincente- son esencialmente un reflejo de las ideas creadas por la clase (dichos argumentos son apoyados también en la literatura del 18vo Brumario de Luis Bonaparte).[ii]
Así como las clases imponen características, razonamientos y conductas, es lógico pensar que las creencias religiosas crean hábitos, principios y costumbres que se expresan en el actuar social y político de los individuos. Si los derechistas e izquierdistas hablan de igualdad, la situación se torna aún más compleja. Para Bobbio, “mientras la izquierda está basada en la idea de igualdad, la derecha sobre la de no igualitarismo [igualdad sí, pero ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?]”.[iii] Las creencias religiosas y los preceptos de clase ofrecen distintos criterios y propuestas. Mientras unos luchan por que las oportunidades sean equitativas, otros lucharían porque las circunstancias fuesen las mismas.
El dilema es que las creencias religiosas y los preceptos de clase no necesariamente son opuestos. Sin embargo, la aceptación de que los problemas son efecto de las diferencias naturales ofrece una disyuntiva: ¿son las diferencias en dones y capacidades individuales causa del destino que un Dios eligió para cada individuo, o bien, son causa de las diferentes circunstancias en las que los individuos se desarrollan? Aquí quizá es donde radica la diferencia entre la izquierda y la derecha con respecto a las diferencias que causan los dolores de cabeza de una sociedad.
El reto es que aceptando la existencia de diferencias naturales, se disminuyan las diferencias sociales para que, como Marx lo mencionaba en la fase final de la sociedad comunista, lo único que valga es el principio de “a cada uno según sus necesidades”, basándose en el juicio según el cual en lo que los hombres son naturalmente más iguales es en las necesidades[iv]. Es decir, si alguno fue agraciado con dones y/o capacidades con lo cuales puede percibir mejores ingresos, el asunto radica en hacer de las circunstancias generales y del acceso a las oportunidades, un sistema equitativo para el desarrollo de las capacidades de los otros, y aún más interesante es cómo y desde qué perspectiva se conciben esas circunstancias que deben ser igualitarias para todos los individuos.
Quizá en México se observe al izquierdista “moderado” Andrés Manuel López Obrador con su estandarte de la Virgen Morena, tal como el actual presidente lo hizo; quizá por todo Josefina Vázquez Mota (ex Secretaria de Desarrollo Social del presente gobierno) sea pieza clave en el movimiento social del centro derechista Felipe Calderón, al proponer la ratificación de los programas sociales de la actual administración, y en el mejor de los casos, ampliarlos y ofrecer mejores canales de participación ciudadana en la formación de circunstancias similares y de superior calidad.
Si gana la izquierda en México, ésta gobernará a un país con más de 80% de católicos. Quizá no sea para alarmarse, las festividades religiosas seguirían a flor de piel, pero quizá la izquierda mexicana se contagie de sus similares en Latinoamérica como Chile. Quizá la izquierda reconozca las otras diferencias y se transforme en una opción electoral no cíclica pero permanente, quizá evolucione como Jorge Castañeda lo predijo en su libro La Utopía Desarmada lo cual implica que la izquierda debiere aceptar la lógica de los mercados y adaptarse a las transformaciones económicas de las nuevas y fuertes economías de mercado. Con respecto al gobierno de una derecha en México, el punto de partida es el actual status quo.
Religión, clases sociales y partidos políticos. ¿Dónde está cada uno de nosotros? La resolución de los conflictos de la agenda de desarrollo de nuestro país y su implicación en la transformación de un mejor sistema político no sólo dependerá de las concepciones de política de izquierdas y derechas. Pero esta discusión no da a lugar en la presente, sino en la próxima editorial.
Neguib Tadeo Manrique Madariaga (“Hermano”)
Para quien lo conoció también le llamaban el HERMANO, hombre proactivo y con pasión por la política.
¡Descanse en Paz!
Tal como fue previsto en las encuestas, Michelle Bachelet resultó electa en la segunda vuelta electoral presidencial en Chile. Una vez más, el país sudamericano del buen vino, muestra cómo su apertura democrática y dinámica social lo sitúan en una etapa de madurez política, en la cual, las demandas sociales y las fuerzas del mercado, producen un estado social-demócrata a la altura de las exigencias que le impone la vida nacional y la competencia económica internacional.
Algo que llama la atención es que Bachelet no sólo confirmó su tendencia ideológica de izquierda, sino que también se considera una persona agnóstica. No juzgo sus preferencias religiosas, mas es interesante que ella, al igual que otros ideólogos de izquierda, se pronuncien agnósticos. No es mi intención realizar una crítica comparada de la religión y sus efectos en las teorías de desarrollo con las cuales explicar el fenómeno de pobreza e injusticia; sin embargo, sí es ofrecer un análisis de cómo el entendimiento y razonamiento individual es influenciado por creencias religiosas o sociales y que, finalmente, culminan en acciones diferentes para un mismo fin.
En la ideología política, los conservadores o republicanos, conocidos como derechistas, son clasificados como creyentes y se piensa envisten su profesión con los principios y valores que sus creencias religiosas les indican. Los motivos son sencillos. Una conclusión del libro de Norberto Bobbio, Derecha o Izquierda, es que los derechistas suponen que los problemas de inequidad, pobreza, injusticia, etc., son causa de las diferencias naturales, es decir, se debe a los dones y capacidades propias de cada individuo; mientras tanto, los seguidores de la izquierda alegan que dichos problemas son causa de las diferencias sociales.
Si las diferencias sociales, si las adversidades de los menos favorecidos son abatidas por ideologías de izquierda, ¿qué papel juega la creencia religiosa de los derechistas en hacer una lucha por los menos favorecidos? Ahora, ser o simpatizar con la izquierda comulga con las ideas de equidad social, y para quienes creen en un Dios, éste ha hecho a los hombres iguales. Por tanto, una lucha de clases sociales desde la izquierda y que busca la equidad del hombre podría tener de fondo algún credo religioso. Desde otra arista, el análisis dicta: si son las diferencias naturales la causa de inequidad, etc., es complicado observar que existan movimientos derechistas a favor de los pobres, pues Dios, creador de todo, ha elegido un destino para cada individuo.
En política, Dios no debiere jugar ningún papel y en sociedad, la pobreza no puede ser destino[i] -quizá la normatividad de este enunciado viva y goce de gracia divina en la ideología Morista; pero el positivismo muestra lo contrario. El problema ideológico inicia cuando se involucran la política, las creencias personales y la vida nacional. En la lucha por una sociedad equitativa, los individuos son los principales partícipes de la transformación social.
Lo que mueve a los individuos es otra instancia en discusión. ¿Es acaso una creencia religiosa que los hombres son iguales entre sí, o bien, es una imposición de clases? De acuerdo al Manifiesto Comunista de Marx, el individuo, en una sociedad, cuenta principalmente por su participación en la clase, porque sus ideas –sus convicciones morales, sus preferencias estéticas e inclusive el tipo de razonamiento que le parece más convincente- son esencialmente un reflejo de las ideas creadas por la clase (dichos argumentos son apoyados también en la literatura del 18vo Brumario de Luis Bonaparte).[ii]
Así como las clases imponen características, razonamientos y conductas, es lógico pensar que las creencias religiosas crean hábitos, principios y costumbres que se expresan en el actuar social y político de los individuos. Si los derechistas e izquierdistas hablan de igualdad, la situación se torna aún más compleja. Para Bobbio, “mientras la izquierda está basada en la idea de igualdad, la derecha sobre la de no igualitarismo [igualdad sí, pero ¿entre quién, en qué, basándose en qué criterio?]”.[iii] Las creencias religiosas y los preceptos de clase ofrecen distintos criterios y propuestas. Mientras unos luchan por que las oportunidades sean equitativas, otros lucharían porque las circunstancias fuesen las mismas.
El dilema es que las creencias religiosas y los preceptos de clase no necesariamente son opuestos. Sin embargo, la aceptación de que los problemas son efecto de las diferencias naturales ofrece una disyuntiva: ¿son las diferencias en dones y capacidades individuales causa del destino que un Dios eligió para cada individuo, o bien, son causa de las diferentes circunstancias en las que los individuos se desarrollan? Aquí quizá es donde radica la diferencia entre la izquierda y la derecha con respecto a las diferencias que causan los dolores de cabeza de una sociedad.
El reto es que aceptando la existencia de diferencias naturales, se disminuyan las diferencias sociales para que, como Marx lo mencionaba en la fase final de la sociedad comunista, lo único que valga es el principio de “a cada uno según sus necesidades”, basándose en el juicio según el cual en lo que los hombres son naturalmente más iguales es en las necesidades[iv]. Es decir, si alguno fue agraciado con dones y/o capacidades con lo cuales puede percibir mejores ingresos, el asunto radica en hacer de las circunstancias generales y del acceso a las oportunidades, un sistema equitativo para el desarrollo de las capacidades de los otros, y aún más interesante es cómo y desde qué perspectiva se conciben esas circunstancias que deben ser igualitarias para todos los individuos.
Quizá en México se observe al izquierdista “moderado” Andrés Manuel López Obrador con su estandarte de la Virgen Morena, tal como el actual presidente lo hizo; quizá por todo Josefina Vázquez Mota (ex Secretaria de Desarrollo Social del presente gobierno) sea pieza clave en el movimiento social del centro derechista Felipe Calderón, al proponer la ratificación de los programas sociales de la actual administración, y en el mejor de los casos, ampliarlos y ofrecer mejores canales de participación ciudadana en la formación de circunstancias similares y de superior calidad.
Si gana la izquierda en México, ésta gobernará a un país con más de 80% de católicos. Quizá no sea para alarmarse, las festividades religiosas seguirían a flor de piel, pero quizá la izquierda mexicana se contagie de sus similares en Latinoamérica como Chile. Quizá la izquierda reconozca las otras diferencias y se transforme en una opción electoral no cíclica pero permanente, quizá evolucione como Jorge Castañeda lo predijo en su libro La Utopía Desarmada lo cual implica que la izquierda debiere aceptar la lógica de los mercados y adaptarse a las transformaciones económicas de las nuevas y fuertes economías de mercado. Con respecto al gobierno de una derecha en México, el punto de partida es el actual status quo.
Religión, clases sociales y partidos políticos. ¿Dónde está cada uno de nosotros? La resolución de los conflictos de la agenda de desarrollo de nuestro país y su implicación en la transformación de un mejor sistema político no sólo dependerá de las concepciones de política de izquierdas y derechas. Pero esta discusión no da a lugar en la presente, sino en la próxima editorial.
Neguib Tadeo Manrique Madariaga (“Hermano”)
Para quien lo conoció también le llamaban el HERMANO, hombre proactivo y con pasión por la política.
¡Descanse en Paz!
El autor es Presidente y Fundador de Esfuerzo Social Cotidiano de México, AC. Actualmente es candidato a Maestro en Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown. Comentarios: ofd@georgetown.edu
[i] “El destino del hombre no es la pobreza y los sufrimientos, sino una vida elevada y armoniosa” Frase de Adolfo Torres, literario y compositor de obras metafísicas y de superación personal. Para más discusión sobre la cita, ver su libro de La Llave de la Vida del Éxito. También se encuentra esta frase en el Quinto Informe de Gobierno del C. Presidente Vicente Fox [En una sociedad incluyente, la pobreza no puede ser un destino para nadie].
[ii] Marx y el Materialismo Dialéctico, La ideología y la lucha de clases en George H. Sabine Historia de la Teoría Política. Fondo de Cultura Económica, México DF; 2004, pp. 572
[iii] Bobbio, Norberto. Derecha e Izquierda. Editorial Punto de Lectura; México DF; 2004; pp. 134.
[iv] Observación de Bobbio. Ibíd., pp. 136
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