Thursday, December 22, 2005

Visión de un Mexicano

La Responsabilidad Social de las Empresas

Por Samuel Peña Guzmán.

En días pasados tuve la oportunidad de visitar una planta automotriz de origen Alemán. Dicha planta localizada en el municipio de Santa Catarina (Municipio del área metropolitana de Monterrey ) cuenta con m+as de 350 empleados en sus distintos ramos. Es una de las empresas multinacionales con mayor tiempo en nuestro país (110 años), y además es un ejemplo de una empresa con responsabilidad social.

Esta empresa compartió, no sólo sus futuros proyectos, sino las experiencias, necesidades y apoyos que requieren de las autoridades en todos sus niveles para continuar contribuyendo con la comunidad. Como gobierno es nuestra obligación crear los mecanismos de apoyo a este tipo de empresas.

Hoy en día, el neoliberalismo ha puesto en los mercados y en los capitales nuevas responsabilidades sociales que si bien, pudieran ser criticados por algunos modelos económicos de gobierno, en el caso nuestro, en virtud del neoliberalismo actual, es ineludible tener vínculos estrechos y cooperativos entre la iniciativa privada (nacional ó extranjera) y las autoridades. “En teoría” se persigue un mismo objetivo: Incremento en el valor de sus activos y bienestar para las comunidades.

Lo lamentable -no podemos generalizar entre el “deber ser” teórico y lo que sucede en la vida real- es que no sucede el “deber ser”.

Si bien es cierto, el objetivo de toda empresa es incrementar el valor de los activos a sus accionistas, estos así mismo, tienen una responsabilidad social no sólo con sus trabajadores, sino también con sus comunidades.

Actualmente no son muchas las empresas que cuentan con una responsabilidad social hacia sus comunidades. Las causas y/o excusas son muchas que quizás nos llevarían otro análisis de sus causales. Sin embargo, es necesario establecer mecanismos de cooperación entre las autoridades y el sector privado con el objetivo de lograr un bienestar social de la comunidad que los rodea. Considero que el progreso de las empresas mismas, debe ir acompañado de un progreso social justo para sus empleados que deriva en beneficios para la sociedad colectiva.

El objetivo final de las autoridades es precisamente el bienestar colectivo. En virtud del actual modelo económico neoliberal, esta responsabilidad es ahora compartida con el sector privado y por ende se ha convertido en una obligación simultanea para las autoridades, alcanzando objetivos en conjunto con las empresas nacionales y extranjeras-.

Los países en vías de desarrollo como el nuestro, han sido recipientes de un gran número de empresas extranjeras que si bien se han traducido en una fuente muy importante de empleo con todos los beneficios que este con lleva, a su vez por otro lado, la ética de las empresas multinacionales en cuanto al compromiso con sus trabajadores y comunidades no necesariamente ha sido la más ejemplar, ni hemos sido como país el recipiente que quisiéramos ser.

En realidad la mayor parte de las empresas buscan el incremento del valor de sus clientes, ventas, activos etc. Y desafortunadamente hacen a un lado el compromiso social con quienes les otorgan el valor agregado a sus empresas.

Las autoridades gubernamentales hoy en día tienen, -en mi caso personal- tenemos la obligación de no sólo crear nuevas fuentes de empleo mediante el fomento y atracción de empresas extranjeras al país, sino también conscientizar e incentivar a las empresas a que contraigan una nueva responsabilidad social con sus empleados y comunidades.

La tarea de parte de las autoridades no termina con la sola atracción de las empresas mismas, sino que hay mucho trabajo por hacer. Es una labor de equipo entre ambos sectores, producto del modelo económico en el que vivimos. Si bien es cierto la responsabilidad social de las empresas no es una obligación “de Jure”, sino moral, el problema radica principalmente en cómo concienciar a las empresas de la necesidad de comprometerse con las comunidades cuando no tienen una obligación legal –per-se-. Para las autoridades y para las empresas, la tarea es doble y por consiguiente es doble el compromiso; es decir, el interno mediante la creación de un valor agregado a sus activos y externo con la sociedad. De igual manera la tarea para las autoridades es doble. Crear los mecanismos apropiados para la creación de nuevos empleos y alcanzar el desarrollo económico paralelo al progreso social. La tarea no es fácil, sin embargo trabajamos día a día para alcanzarla.



El autor es Licenciado en Derecho por el Tecnológico de Monterrey con Maestría en Derecho Internacional (LLM) por la American University y Maestría en Administración Pública (MPA) por la George Washington University. Actualmente es Coordinador de Inversión Extranjera del Estado de Nuevo León y catedrático de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Las opiniones expresadas son de carácter estrictamente personal y no deberán entenderse que representan las de las instituciones con las que el autor se encuentra vinculado. Comentarios:
samuel.pena@nl.gob.mx

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