Wednesday, November 16, 2005

La Pantalla en Blanco…

Por Arturo Franco Hernández.

Celebrando esta edición especial de primer aniversario en nuestra Sección Editorial, no puedo evitar recordar los momentos que llevaron al comienzo de este espacio, convertido ya en una buena plataforma de expresión colectiva. Repaso en mi mente aquella ocasión en que, invadidos por la necesidad de amplificar la voz política y social de los jóvenes, decidimos impulsar este esfuerzo cotidiano y nació formalmente nuestra tribuna virtual. A un año de distancia, el ambicioso objetivo de crear mayor conciencia sobre la importancia de la participación cívica de la juventud mexicana, utilizando la palabra escrita, comienza a rendir frutos.

La consolidación democrática en México necesita de estas voces y de muchas otras, para hacer evidente la fuerza de las ideas frescas, de las visiones renovadas, y llegar a feliz termino en este proceso. En este sentido, me parece asombroso pensar en cuántos hombres y mujeres de nuestro querido país, comprometidos con el momento histórico que les tocó vivir y muchas veces arriesgando la existencia misma, han tomado alguna vez este reto, el de enfrentar la hoja en blanco. Incluso en circunstancias menos riesgosas, pero no por ello de menor trascendencia, el ejercicio de abrir de la cabeza en toda su amplitud, de exprimir la mente y de buscar expresar una idea o una serie de ideas puede ser intimidante y abrumador.

Escribir es un acto que nos empuja a demostrar los límites de nuestra comprensión, escribir es descubrir los mitos que nos constituyen. De esta forma, aferrados al pasado inmediato y al presente que se escapa deslizante, dominamos el lenguaje; y en un acto simultáneo atrapamos y sujetamos la realidad contigua; que escrita queda en la inmovilidad del transcurrir. ¿Qué es lo que inmovilizamos sino el sentido mismo? Esa dirección que va, de ningunaparte a ningúnlado, como dice Octavio Paz. Sucede que, en ocasiones, en lugar de escribir, uno es escrito, va siendo llevado a no se sabe donde, dibujando un pequeño mundo, un sendero sin selva, un salto sin orilla.

Me pregunto entonces, después de este año de excelentes colaboraciones y de magníficos ensayos… ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué nos lleva a enfrentar una y otra vez este desafió de escribir? ¿Qué nos hace volver y volver a mirar de frente estas páginas limpias que sólo se llenan con palabras? (esas mismas palabras que muchas veces se escabullen como luciérnagas en el llano abierto…) Respondiendo igual que el filosofo francés Gastón Bachelard, “una palabra es un brote que procura crecer y convertirse en rama. ¿Cómo puede uno dejar de soñar mientras escribe? Es la pluma la que sueña. La página en blanco nos da el derecho de soñar.”

Y es precisamente éste el derecho que debemos ejercer, para seguir enfrentando el silencio imperante de la pantalla en blanco y del pequeño cursor titilante que parece reírse mientras buscamos explicar realidades. Porque escribir es soñar con conciencia y valor, porque escribir es un acto de violencia pacifica, y porque escribir nos abre la puerta a verdades compartidas. Así pues, los invito a seguir escribiendo sobre el México de nuestros sueños, el que podemos plasmar en estas páginas sin recelos ni aprensiones. A ustedes, nuestros pocos o muchos lectores, los invito a seguir observando a estos jóvenes pensadores, amigos todos de corta edad y de enormes trayectorias; y de quienes sin duda seguiremos teniendo gratas sorpresas.

Termino esta pequeña reflexión, felicitando a todos ustedes por atreverse a soñar en voz alta, y recordando aquello que dijera otro gran soñador con pluma en mano: cuando escribo, la primera página en blanco, o cualquier página en blanco, no significa nada para mí. Lo único que significa algo es aquella página que se ha llenado de palabras.


El autor es Licenciado en Economía por el Tec de Monterrey y Maestro en Administración Pública y Desarrollo Internacional por la Universidad de Harvard. Comentarios: arturo.franco@ideasmexico.org

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