Tuesday, November 15, 2005

El respeto al derecho ajeno...

Por Nizaleb Corzo Zepeda.


Qué tiempos aquellos cuando la controvertida Doctrina Estrada nos alejó de los golpes bajos y las discusiones interminables por las posiciones ideológicas extremas que heredamos de la Segunda Guerra Mundial. Aunque en esa época no todos aprobaban tal orientación en las relaciones internacionales de nuestro país, es probable que hubieran modificado su visión ahora que vivimos el endurecimiento de posiciones de mandatarios de países vecinos en contra de nuestro presidente.

Lo cierto es que factores como la decisión de retirar al embajador mexicano de Caracas después del perentorio plazo puesto por el gobierno de Fox para que se retractara Hugo Chávez, como el anticipo de la cancillería venezolana para ordenar lo propio a su embajador en México ante la serie de agravios a las relaciones externas de México, ha venido a deteriorar directamente el proceso del 2006 por la lucha del poder.

El inesperado diferendo entre las posturas del gobierno de Fox y las de su homólogo Chávez de Venezuela, actúa como un telón de fondo que ha tensado el ambiente interno de México de manera innecesaria. Sin considerar las insolencias del canciller venezolano, la disputa tiene mucho sentido si se le enfoca desde otra perspectiva, fuera de las relaciones internacionales. Las dimensiones de las pretensiones personales irán presentándose de manera paulatina, en la medida en que se manifiesten las reales afectaciones que sufrirá México por el rejuego político y de medios que se ha originado en el interior.

En México, el PAN y su abanderado para el 2006 tendrán –por lo pronto-, que resistir las consecuencias de lo ocasionado por las críticas y las posturas adoptadas por Fox en la pasada cumbre de Las Américas. No hay que olvidar que todo este follón tiene su origen en la rivalidad que se ha venido acrecentando, entre la tambaleante administración de Bush respecto de las economías fortalecidas del MERCOSUR y el gobierno de Chávez, debido a la presión ejercida por el americano para que se adopte un tratado que –según juzga el venezolano-, beneficiaría más a los Estados Unidos que a los latinoamericanos.

Es cierto que el ejemplo más cercano para ellos, el NAFTA, no ha beneficiado a México en lo absoluto, por lo menos a los ojos de la población menos favorecida.

Sobre ese telón de fondo se dieron, en un primer acercamiento, las severas y personalizadas críticas de Fox tanto al argentino Kirschner como a Chávez. Los dos sudamericanos no tardaron en responderle con graves acusaciones al mexicano de rendir pleitesía al poderoso o de ser cachorro del imperio. Los acontecimientos tomaron con Venezuela, un giro de mediano rompimiento de relaciones que se ha detenido, como en el asunto cubano de hace unos meses, en el retiro de embajadores pero que, en adelante, afectará sin duda a las cuantiosas inversiones de empresas mexicanas en Venezuela.
Lo anterior evidencia las profundidades de la pugna. Pareciera más bien la muestra de una lucha entre la izquierda y la derecha. La ciudadanía no debería quedarse con esa idea, de lo contrario sacaría conclusiones incorrectas del desacuerdo, calificando de buenos y malos a tecnócratas y nacionalistas, según sea su criterio.

La crítica a Fox sobre su cercanía con Bush, sólo hiere a los mexicanos, no a los americanos, no a los venezolanos. La sociedad civil mexicana no está preocupada por lo que digan de su presidente, pues él mismo ha permitido que se critique a su persona desde el inicio de su administración, argumentado la libertad de expresión. La sociedad de nuestro país no quiere que vuelva a repetirse un linchamiento verbal contra la nación y sus representantes... ello sólo lo podrá poner de manifiesto a través de las urnas, su único medio de expresión masiva.

Nada peor podría heredar el presidente Fox al candidato Calderón, en estos días en los que el panista quisiera continuar creciendo en las inclinaciones de voto de los electores. La misma intervención de los senadores exigiéndole cuentas a Fox de sus futuros viajes al extranjero pone a Calderón, por obligada derivación partidaria, en una situación delicada ante las críticas de sus rivales.

Es momento de ver hacia adentro, de frenar la injerencia de voces extranjeras en las decisiones de nuestro país. La Doctrina Estrada trató de dictar ello, como un intento de proteger las estructuras de nuestro andamiaje institucional.



El autor es financiero. Actualmente trabaja en aspectos sociales de Petróleos Mexicanos y estudia la maestría en Políticas Públicas del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. Comentarios:
ncorzozepeda@yahoo.com.mx

1 comment:

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