Tuesday, August 16, 2005

Mala Educación

Por Alejandro Bahena.

Tratemos en esta ocasión el tema de la educación privada en el país. Para ser más específicos enfoquémonos a aquella impartida a nivel medio superior por alguna de las instituciones más reconocidas de Monterrey (y ¿por qué no?, de la nación). Resulta que ahora las preparatorias (al menos las de ésta institución académica) se encargan de satisfacer el agrado de los alumnos y no los requerimientos básicos de conocimiento, o más bien no ir más allá de esos lineamientos, sino conformarse con lo que se lee en uno de tantos libros, tendiendo a escudarse en la aseveración de que la enseñanza que debe practicarse en este grado es la referente a la formación de la persona y la transmisión de valores (lo cual no está nada mal, siempre y cuando se haga como un complemento), dejando a un lado la generación de aprendizaje teórico, práctico, y descubrimiento de habilidades personales y profesionales.

Imaginen una institución donde un Licenciado en Mercadotecnia imparte clases como “Panorama Internacional”, o bien un Contador Público pretende enseñar “Historia de México” o “Literatura en América Latina”: que desastre. No puede ser posible que esto suceda en las escuelas que se jactan de ofrecer la mejor educación en México, y más aún que cobran las mayores cuotas a los padres de familia que suponen que sus hijos estarán recibiendo cursos de calidad (muchos de los cuales terminarán endeudados por el resto de su vida -padres e hijos-). ¿Qué es lo que sucede cuando un profesor cuya especialidad dista de aquella clase que imparte?, sencillamente estará aprendiendo a la par de los alumnos, es decir, se limitará -como se mencionó anteriormente- a enseñarles lo que viene en el libro, y el valor agregado será nulo. ¿Y por qué surgen estas complicaciones? Porque aquellas personas encargadas en hacer la contratación de personal académico (generalmente los directores de departamento) se basan en las necesidades del profesor -casi en su totalidad mujeres (quizás por esto sea que hace algunos meses la misma institución se vanagloriaba de contar con el mayor liderazgo femenino de la nación; por supuesto, si contratan a puras mujeres es obvio)- y peor aún en la evaluación que los alumnos hacen del profesor; cosa que va en detrimento de la calidad educativa, ya que éstos (siendo adolescentes) calificarán la labor del maestro subjetivamente (muy subjetivamente diría alguno), contratándose de esta manera a los vulgarmente llamados “catedráticos barcos”, que son los que les caen (o surgen) mejor a los estudiantes.

Tal parece que la cuestión en estas instituciones seudo-no lucrativas yace en acaparar la mayor cantidad de estudiantes, brindándoles un espacio en donde puedan ejercer sus necesidades de relacionarse públicamente con aquellas personas que se sitúan dentro de su círculo social, dejando a un lado el objetivo principal de toda institución académica, que es el aprendizaje elemental de los alumnos. Y tal vez por esto sea que se haya incrementado en un año el tiempo escolar en la preparatoria (particularmente en la academia privada); si la intención era preparar mejor a los estudiantes y permitirles descubrir su vocación profesional, las acciones tendrían que haber sido enfocadas hacia el plan de estudios del nivel medio superior. Anteriormente (hace algunas décadas), en las escuelas públicas de dos años, se preparaba al alumno según fuese su intención laboral, de esta manera existía el bachillerato enfocado a las ciencias biológicas, a las finanzas, o al derecho, entre otros; de esta manera, quizás el estudiante con uno o dos años de estudio podría comprender si realmente el enfoque elegido satisfacía sus necesidades vocacionales. Sin embargo, lo que sucede ahora, es que los jóvenes se topan con un programa diseñado para que permanezcan tres años preparándose para ingresar a la universidad, en donde los profesores (volviendo al tema inicial) no son capaces -por su falta de experiencia y conocimiento en la materia- de mostrarles el panorama de su vida cotidiana dependiendo de la carrera de su elección, y en donde la orientación vocacional se limita a algunas materias de los últimos semestres, llegando los estudiantes a su preparación profesional sin las herramientas para seleccionar su área de interés, ni la más mínima pista de lo que estarán haciendo en un futuro para ganarse la vida, de acuerdo a su “mejor” opción.

Y el problema con los planes de estudio no se limita a la preparatoria, si no que se extiende a la práctica universitaria. Siendo sinceros las universidades ofrecen una serie de carreras profesionales que en los tiempos venideros serán tiempo perdido para el entonces estudiante; simplemente no habrá oferta laboral o las plazas en las que podría encajar serán cubiertas por alguna persona que haya optado por una profesión tradicional, especializándose en el área excéntrica o menos común por la cual se decidió el primer individuo sin tener la información correspondiente. De esta triste manera, la educación se convierte en un negocio redondo, en el que la intención no es ofrecer calidad académica, sino mantener entretenido al estudiante, y más aún ofrecerle cursos y maestros de acuerdo a sus necesidades del “mínimo esfuerzo”. Sin lugar a dudas es inquietante esta situación, sin embargo queda claro que la demanda -en ocasiones- tiene más poder que las buenas intenciones.


El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por la EGAP-ITESM. Comentarios:
abahenap@yahoo.com

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