Tuesday, August 16, 2005

El voto en el exterior

Por Ernesto Castañeda-Tinoco.

Mucho tiempo después de que el Congreso Mexicano aprobara la doble ciudadanía y el derecho de todos los mexicanos, incluso los radicados en el extranjero, de votar en elecciones mexicanas, por fin el Congreso, el Ejecutivo y el IFE se han puesto de acuerdo para implementar el voto en el extranjero.

El aceptar el voto de los mexicanos en el exterior es un avance en una dirección desde hace tiempo indicada. El programa Bracero fue un progama bi-estatal que abrió la opción de trabajar en el país del norte. Este programa estaba basado en contratos temporales en el exterior y los trabajadores eran vistos legalmente por ambos gobiernos como ciudadanos mexicanos con derechos. Desafortunadamente, tras el fin del programa Bracero que sin duda tuvo sus problemas, el flujo continuó pero de una manera que se denominó unilateralmente como clandestina. A pesar de esto y dada la continua demanda por la esforzada mano de obra mexicana, la migración y los enclaves de mexicanos en el extranjero siguen creciendo a la vez que el retorno a México se vuelve más difícil por el cierre de la frontera Americana y por la falta de empleos en México.

Con el fin de contar con su apoyo para la firma del TLCAN, Carlos Salinas inició el Programa de Atención a Comunidades Mexicanas en el Extranjero. Éste, como otros programas nacionalistas, tenía el objetivo de mantener a la diáspora mexicana en contacto con su patria y de ayudar a que los hijos de mexicanos en el extranjero “mantuvieran su cultura e identidad nacional.”

En los últimos años, a nivel local y federal, se ha tratado de atraer la inversión de paisanos que han triunfado económicamente en el exterior así como de promover el envío de remesas colectivas a través de programas como el 3x1. De igual forma se busca mantener los niveles record de remesas, las cuáles últimamente han obtenido una gran visibilidad. Sin embargo, el tema de las remesas es un tema complejo (que discuto en otros espacios) y sería una gran simplificación decir que el Estado Mexicano está canjeando el voto por remesas.
A pesar de discursos y declaraciones de algunos individuos, los emigrantes nunca condicionarían las remesas con las que su familia sobrevive sólo por el poder de votar y aún si en 2004 el monto agregado de remesas no hubiera sobrepasado los 16 billones de dólares, los mexicanos en el extranjero deberían tener la opción de poder votar. La inclusión nacionalista y económica de la diáspora representaba un modelo al que Robert Smith (1993) designa como “membresía sin ciudadanía” para referirse a un sistema injusto en el cual el Estado Mexicano pedía lealtad y apoyo sin garantizar la completa ciudadanía a través del derecho de votar y ser votado. Ésta a la que Luis Carlos Ugalde el Presidente del IFE llama la reforma electoral más importante de la década, cambiará a un modelo de ciudadanía sin residencia, lo cuál como discutiremos mas adelante es un grave problema para los que ven la residencia y la ciudadanía como algo inseparable.

Pros y Contras

Como en cada asunto político, diferentes intereses y grupos han estado en desacuerdo sobre qué hacer. El gobierno de Vicente Fox con su discurso pro-imigrante y democrático estaba comprometido con esta poblacion radicada en el extranjero desde la campaña para el 2000. El llevar esta política hasta sus últimas consecuencias es uno de los pocos actos congruentes de este gobierno.

La SRE y los consulados tuvieron una victoria propia al evitar que las casillas se ubicaran en los consulados existentes o en lugares públicos en el extranjero lo cuál podría traer problemas de logística, presupuesto, conflicto de intereses en la Cancillería y posibles conflictos con EU. De acuerdo a las reformas del COFIPE la SRE se limitará a dar información y a ofrecer solicitudes para inscribirse en la lista de votantes en el extranjero, las cuales de acuerdo con la nueva ley “no serán exhibidas fuera del territorio nacional.” Así que los trabajadores sin documentos no deben de temer por represalias de parte de autoridades migratorias.

Las maquinarias de los partidos políticos han hecho reuniones y estudios que les hacen creer que la inclusión de los migrantes en las próximas elecciones les puede beneficiar o perjudicar, sin embargo vale la pena resaltar que el voto migrante se encuentra sumamente dividido y ningún partido lo debe de dar por ganado.

Como hicieron Cárdenas y Fox, y que se ha hecho a nivel local desde mucho años, los candidatos deberían de viajar a Estados Unidos para participar en eventos con las comunidades mexicanas en el extranjero lo que los acercará un poco a su realidad. Sin embargo, se debe reglamentar que los candidatos para puestos en Mexico NO paguen publicidad en medios o pongan propaganda en la calles en el extranjero para evitar el desvío de fondos y confrotaciones binacionales. Campañas sí, publicidad no. La reforma al COFIPE establece que está prohibido realizar campaña y eventos proselitistas en el extranjero, sin embargo sigue la duda de que cómo alcanzar a la población en EU. Algunos ya han propuesto que sea el IFE el que se limite a distribuir información sobre las propuestas y plataformas de los candidatos para que se dé un voto informado. Sin duda esta área traerá hechos interesantes y polémicos.

Como de la Garza y otros comentan, los migrantes, sobre todo aquellos que son jefes de hogar y que mandan remesas, tienen ya de facto una influencia en los resultados electorales al recomendarles a familiares y amigos cómo y por quién votar, incluso si ellos no pueden hacerlo por estar en el exterior. Las preferencias políticas de los mexicanos en ciertas poblaciones de EU son diversas y están altamente correlacionadas con la división de preferencias de su lugar de origen en México. Por todo esto es poco probable que, incluso si las próximas elecciones presidenciales son muy cerradas, el pequeño porcentaje de mexicanos que vote en el extranjero acabe decidiendo quién será el triunfador.

Pero el Correo Mexicano no sirve

El voto por correo de gente que se encuentra fuera de su distrito o país no es algo nuevo, esto se ha realizado en varios países por muchos años y con buenos resultados. Países Latinoamericanos como Colombia, Brasil y la República Dominicana han llevado a cabo elecciones en Estados Unidos desde hace varios años sin tener problemas con autoridades americanas.

El Servicio Postal Mexicano tiene una merecida mala fama en cuanto a su eficiencia, lo que vuelve a muchos dudosos de que SEPOMEX se muestre a la altura de la tarea. Sin embargo, ésta se presenta como una oportunidad para asegurar que Correos mejore sus servicios y se vea monitoreado por la gente. Si los candados que SEPOMEX y el IFE pondrán en las boletas y sobres son necesarios para evitar fraudes, habrá que crear mecanismos para que una vez identificada la legalidad de un voto NO se creen listas ni registros permanentes de ningún tipo que liguen al votante con sus votos. Como siempre la confidencialidad y neutralidad de los empleados del IFE es indispensable. Todos estos puntos han sido previstos en la reforma del COFIPE y en los procedimientos que instituirá el IFE para garantizar la confidencialidad del voto. El uso de correo certificado, los acuses de recibo y de compañías independientes ayudará a garantizar que no se pierdan votos en el correo.

El mito de elegir al gobierno del lugar donde se reside

Hay aquellos que arguyen que la democracia es y debe de estar ligada a la residencia y por ello se oponen a que voten los que no están en México al momento de las elecciones. Sin embargo, este racionamiento presenta una serie de complicaciones. Si bien es cierto que el ideal democrático estaría basado en un ciudadano-un voto, una alta participación en las decisiones de gobierno incluida la participación en todas las tomas de decisiones y elaboración de presupuesto es sólo posible en pequeñas comunidades pues ni siquiera tuvo realidad en la Grecia clásica donde sólo algunos de los residentes hombres adultos de elite podían votar.

Sin duda, votar por representantes donde se vive es un ideal. De hecho algunos actores políticos en Nueva York están tratando de impulsar leyes para que sus residentes puedan votar localmente a pesar de su estatus legal o ciudadanía. Lo mismo ya es un hecho en varias ciudades europeas sin haber creado problemas de ingobernabilidad. Por ende, si de verdad queremos relacionar normativamente residencia y voto para ser congruentes, estos autores deberían de proponer que todos los migrantes argentinos, chinos, coreanos, etc. que han llegado a trabajar y a vivir a México puedan votar localmente. Claro que esto está lejos del carácter nacionalista mexicano y el espíritu que impulsa estas objeciones.

Es anticuado limitarse al trinomio de nación, extensión territorial y ciudadanía. Si bien la globalización y el internacionalismo no han derribado fronteras ni diluido sentimientos nacionalistas, sería un error contrario a ese interés nacional del que se habla, el limitar a México dentro de sus arbitrarias fronteras y como sus ciudadanos sólo a aquellos que vivan en México y sean de padres mexicanos. México gana al reconocer a su diáspora en Estados Unidos y el resto del mundo.

Esta concientización política del emigrante temporal o de larga estancia reforzará a México y permitirá que, de así quererlo, comunidades migrantes organizadas puedan seguir participando en proyectos de desarrollo en México como lo han hecho los clubes de oriundos, pero esta vez con una fuerza de pertenencia y legitimidad política a través del voto en el extranjero además de la participación simbólica o económica con la que ya cuentan. Este ejercicio ciudadano podría formar un antecedente para un útil lobby mexicano en EU y una plataforma para participar en política americana que afecte a México o a los migrantes.

Por otro lado, muchos argumentan que el enfocarse tanto en política mexicana “distraerá” a los migrantes de participar en política local en EU para avanzar social y políticamente en este país. El resultado es contingente ya que depende de las decisiones de cada ciudadano y comunidad. Sin embargo, esta participación no es necesariamente mutuamente-exclusiva como los sociólogos Peggy Levitt (2001) y Robert Smith (2005) documentan. El pertenecer a una comunidad transnacional permite la participación en ambas comunidades políticas, las cuales lo afectan directamente. De igual manera como a alguien que vive en Guadalajara le afecta quién es el Presidente Municipal, el Gobernador y el Presidente aunque éste labore desde el DF.

Nadie será forzado a votar. Si uno no considera correcto votar por el Presidente de un país donde ya no vive y a donde no piensa regresar, puede renunciar personalmente a este derecho sin faltar a una obligación ciudadana ya que esta persona dejaría individualmente de considerarse ciudadano. Esto es algo muy liberal ya que en este esquema es el invidividuo el que elige su ciudadanía y no el Estado el que la impone categóricamente.

En los casos de migrantes voluntarios y de personas de descendencia mexicana, el idenficarse como tales es en cierta medida una decisión personal y de auto-identificación, de esa manera el que no se vea así mismo como mexicano a pesar de sus relaciones genealógicas con este país, no estará en lo general interesado en participar en este proceso. De este modo, no se puede decir que “intereses extranjeros o extranjerizantes” se vayan a inmiscuir en la política nacional por medio del voto en el extranjero.

En el caso de México, alrededor de un diez por ciento de la población se encuentra en EU. Sin embargo, es un hecho que no todos votarán ya sea por falta de interés o información. En este sentido, el público votante se auto seleccionará siendo el votante más informado y en contacto con la política mexicana el que este más interesado en votar. A la misma vez el requisito de contar con registro y tarjeta de elector dejará fuera a muchos que hubieran querido votar, sin embargo esto ayudará a garantizar la legitimidad de los comicios. Aquellos que por las políticas migratorias de EU o por falta de recursos no puedan viajar a México fácilmente para tramitar su credencial de elector, tendrán que ser pacientes y tratar de conseguir la credencial de elector para las próximas elecciones. A pesar de esto y de que el IFE no haya presupuestado abrir oficiales en el extranjero por considerarlo costoso y problemático, este es un buen comienzo.

¿No será que escondido en algunos, que no todos, de los que se oponen al voto en el extranjero se encuentran sentimientos clasistas, racistas y anti-migrantes que por años han sido parte de la concepción pública del “mojado”, “ilegal” y “pocho” y así grupos que no se han visto en la necesidad de migrar denigran al que ha partido por decisión o inercia?

Sin embargo, como se ha reportado últimamente, cada vez son más los mexicanos de las clases medias y altas que se trasladan al extranjero para estudiar o trabajar, los cuales más fácilmente pueden viajar para obterner su credencial de elector si carecen de ella. Como en cualquier democracia estos grupos tienden a tener una mayor participación en las elecciones, incluso dadas las decepciones presentadas por la falta de alternativas reales o de proyectos serios de nación. De esta forma, las elites transnacionales tendrán una porción en este voto relativamente mayor que el de los migrantes laborales quienes forman una mayoría absoluta, así que el miedo al voto de “la plebe” está mal informado y parte de actitudes elitistas y antidemocráticas.

Sin duda, algunos serán más beneficiados que otros por esta reforma, por ejemplo los auto-denominados líderes ya están cosechando méritos personales, en eventos y estampillas postales de conmemoración. Pero esto es parte de la política representativa donde el que más participa y trabaja mayor voz obtiene. Es cierto que algunas de las organizaciones migrantes y sus líderes se pueden ver envueltos en prácticas corporativas en la compra de votos o en casos de votaciones en grupo. Por ende, habrá que denunciar estos casos, tipificarlos como ya lo está haciendo la FEPADE y castigarlos así como informar a los migrantes para que no entreguen sus boletas en blanco a líderes comunitarios que representan a lo sumo una fracción de los muchos mexicanos en EU.

De poco sirven para mejorar nuestro sistema político el cinismo y las alarmas que predicen riesgos y pérdidas irrevocables. Si se suscitan problemas o irregularidades se pueden ir arreglando poco a poco pero es importante empezar con este ejercicio ya, porque cambiar es difícil y pretextos siempre habrá. El IFE ha hecho una tarea envidiable en consolidar un sistema electoral confiable y legítimo y en el mediano plazo el voto en el extranjero no deberá de afectar su legitimidad sino por lo contrario cimentarla y reafirmarla.

El conveniente manto de “la soberanía” que el PRI usaba es inadecuado en estos días ¡Adelante con la inclusión política, la consolidación diaria de la democracia y la expansión de la nación y la cultura mexicana por el mundo!


Ernesto Castañeta-Tinoco estudió en la prepa del Tec Campus Ciudad de México. Obtuvo su BA en la Universidad de California Berkeley y su maestría de Columbia University en Nueva York donde actualmente estudia un Doctorado en Sociología. Comentarios: ernestoforo@yahoo.com

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