Tuesday, August 16, 2005

Bendita de-generación cultural

Por Diana Páez Guajardo.

Culpemos a la globalización. Culpemos a la tele y a la conspiración del cuarto poder. Culpemos al destino, al cosmopolitismo o a la “buena” educación. El hecho es, la actitud prevalece, tomo café “americano”, que en realidad se produce en Colombia, mientras veo una película brasileña y hablo en inglés. Víctima del más pacífico mestizaje cultural, y feliz de existir en este momento histórico, me sueño igualito en Beirut que en los altos de Chiapas; me ilusiona igual asistir a la magnificencia de Machu Picchu que perderme en las calles de Budapest...o Johannesburgo.

Me levanto leyendo la prensa, tratando de desentrañar la historia de hoy que se tejió ayer y me concierne igual lo que pasa en México que el último capricho de Chávez o las reseñas de los libros en boga y el horóscopo chino que insiste, carajo, en que hoy – de nuevo – es mi día de suerte. Lo cierto es, nos acostumbramos a este universo de miles de cosas pertenecientes a otros países, culturas, tiempos y latitudes que forman parte de nuestra vida diaria. Somos ciudadanos globales, enriquecidos con el vaivén de la retorcida historia del Siglo XXI. A veces, incluso, atemorizados por él.

Difícilmente sobrevivimos sin enterarnos de lo que pasa fuera de nuestra casa, sin formarnos una opinión, al menos superficial, mínima, tímida, de lo que acontece en el mundo; esta es mi generación, a horcajadas entre lo tradicional que no demandaba más que conocer los límites del hogar (y los del vecino) y la “modernidad” que nos engulle sin piedad, obligados a comprender mucho más allá, destinados a conciliar tantas diferencias y a dejar de obviar similitudes. Intérpretes del presente, hasta nos vemos a menudo obligados a explicar a nuestros propios padres los misterios de esta época.

Experimentamos una invasión cultural poderosísima que no se ve pero sí se siente, la misma que nos hace aprender inglés y alemán, francés o japonés, viajar al extranjero como antes al pueblo más cercano, ser peces en el agua navegando en Internet, y no pestañear siquiera cuando vemos a un chino caminando a sus anchas en las calles de Real de Catorce. Igual cantamos a todo pulmón al son del mariachi que nos da por tomar clases de belly dance y sudar la gota gorda sobreviviendo una samba...o tratando de salvar nuestro honor al compás de un tango. Bonjour la multiculturalité.

Todo esto nos enriquece en la medida en que nos permite ampliar nuestra visión de las cosas. Atizar nuestra curiosidad intelectual. Saber para comprender. Aventurarnos más allá de las seguras paredes de nuestra casa y ser más sensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor. Y tratar, sobre todo, de asumir esta ciudadanía global con sus ventajas y riesgos, y asimilarla para llegar a ser, tarde o temprano, algo más que espectadores.


La autora es Master en Prospectiva Internacional por la Universidad de París y actualmente trabaja en la Embajada de México en Estados Unidos. Comentarios:
paezguajardo@gmail.com

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